El FMI en Instagram, el FMI en la vida real

Por Jairo Straccia

El cierre del año pinta para momento económico en versión de ese posteo habitual que compara cómo se aprecian situaciones, personas o experiencias en Instagram y el contraste con cómo se comprueba que son en la vida real.

El principal en-Instagram/en-la-vida-real lo plantea la negociación con el Fondo Monetario Internacional, organismo que integran los principales países del mundo y a los que les tendríamos que devolver una parva de dólares en poco tiempo por herencia del gobierno anterior.

En Instagram somos duros. Les pusimos los puntos. Les pedimos que nos bajen la sobretasa porque es injusta y usuraria. Los pusimos contra las cuerdas para que repiensen la arquitectura financiera internacional. Les chapeamos con Joseph Stiglitz. Les cantamos las cuarenta con su corresponsabilidad por haberle girado una guita inexplicablemente abultada a un gobierno con el confeso objetivo de que fuera reelecto. De hecho, en el último discurso les dijimos: autocrítica antes del nuevo acuerdo. Qué tanto.

En la vida real, en cambio, la misión argentina que partió rumbo a Washington la tiene más complicada. Se mantienen los sobrecargos. La arquitectura financiera es la misma. Está difícil que vayan a darle algún trato especial a esta administración a la hora del repago de lo que sí le dieron excepcionalmente a la gestión anterior.

Los objetivos son más cortos: conseguir oxígeno en los pagos hasta 2026 sería un golazo. Poder concentrar los recortes en el gasto en los subsidios pro ricos a los servicios públicos, te lo firmo. Que no se metan con las partidas de obras públicas, gran yapa. Zafar de que pidan reformas laborales o previsionales ya, ojalá. Que nos banquen la apuesta a financiar buena parte del déficit con plata de otros organismos externos como nunca pasó hasta ahora, compramos.

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Guzmán. El ministro de Economía frente al desafío de firmar con el FMI sin un salto del dólar ni reformas laboral ni previsional.

¿A lo hecho, pecho?

El drama es que en Instagram, un acuerdo con el Fondo supuestamente “recupera la confianza”, “comienza un ciclo de estabilización”, “baja el riesgo país y florecen proyectos de inversión”, “la inflación empieza a ceder”, “el rebote post pandemia deriva en crecimiento sostenido”. Pero en la vida real, es apenas la descompresión de vencimientos urgentes y después un camino en subida mal.

Sobre todo durante el primer año, un entendimiento con el ente de la calle 19 en la capital de Estados Unidos posiblemente venga con más inflación producto de un aumento de tarifas y una devaluación del peso más rápida; con más pruritos fiscales y menos poder adquisitivo en la población, hay que ver si todo no se traduce en una ralentización de la reactivación económica y por ende en más tensión social. En definitiva, los más de 20 acuerdos de la Argentina con el FMI tuvieron siempre el efecto inmediato de caída de la actividad y más suba de precios, con el consiguiente incumplimiento de lo firmado. Una hermosura.

Además, si sólo con la negociación abierta las idas y vueltas de este último año produjeron todo tipo de declaraciones cruzadas, escritos públicos y acusaciones de “vos entreguista” vs. “vos irresponsable”, ¿alguien se imagina cómo sería el tránsito en la coalición oficialista de un primer tramo del acuerdo con el Fondo que generara menos poder adquisitivo, noticias de aumentos en la luz y el gas y austeridad como la que prima por ejemplo en este diciembre sin bono extra para los jubilados? Encima, con visitas de gringos miraplanillas cada tres meses en el país. Habrá peronistas que dirán “a lo hecho, pecho” para salir a bancar, pero Juan Grabois se va a quedar a dormir en los estudios de TV de tanta denuncia de traición y cipayismo.

Mercado y política

Es que todo este contraste entre deseo y realidad haría explotar otro mayor: el kirchnerismo en el Instagram todavía postea ese pasado de vacas gordas de las gestiones del Néstor que le pagó de una al FMI y la CFK que estatizó las jubilaciones e YPF, pero el kirchnerismo en la vida real se descubre en la gestión de Alberto Fernández, abrazado al justicialismo no-queda-otra, más proclive a ordenar la macro y apostar a un empresariado es-lo-que-hay para intentar consolidar un ciclo de inversión un par de años seguido.

“El progresismo no es contradictorio con el acceso a los mercados”, me dijo este año en una entrevista Javier Timerman, financista de carrera en Wall Street, hermano del fallecido Héctor y de diálogo habitual con la vicepresidenta Cristina Kirchner. Timerman redobla esfuerzos para intentar convencer al Frente de Todos de las ventajas de conseguir poner en caja los números, llevarse bien con los fondos de inversión para conseguir crédito externo y motorizar así el crecimiento vía inyección de capital como forma de desarrollo e inclusión. Son semanas donde Javier podrá empezar a comprobar, según el respaldo que haya en el oficialismo tras un acuerdo, si algo de todo eso se hizo carne en el mainstream kuka.

“Aprendimos”, dijo esta semana en TV Emmanuel Alvarez Agis, el hombre de la consultora PxQ que por su pasado de funcionario kicillofista y su presente de gurú de los mercados es otro que apuesta a ser el aceite W40 entre el peronismo más de izquierda y el mundo de las finanzas. Su primera persona del plural es audaz: refiere a que finalmente se habría impuesto el criterio del ministro de Economía, Martín Guzmán, y que se viene un achure grande en lo que se gasta en subsidiar el consumo de luz y gas a los que no lo necesitan. Este año se insumirá la locura de US$12 mil millones.

Timerman y Agis. El financista y el economista, entre los que buscan tender puentes entre el peronismo y los mercados.

Ojo, hay quienes dentro y fuera del FdT se entusiasman con lo copado que se ve el Instagram de no acordar con el FMI, patear el tablero o estirar la negociación entrando en impagos durante 2022 con tal de no ceder en la reorganización del presupuesto. El tema es que en la vida real de ese escenario, nadie sabe dónde termina el dólar paralelo que hoy ya está en 200, quién financiaría un proyecto de inversión con un riesgo país que se dispare más, en qué lugar se acomodaría la inflación que ya está en 50% y cómo reaccionaría la actividad económica ante la escasez de divisas que a duras penas hay en el Banco Central.

En ese punto dan la pelea en todo su derecho desde la legisladora saliente Fernanda Vallejos hasta, podría parecer, la propia Cristina, que nadie le discute que es la que aportó los votos para el triunfo en 2019. Desde ahí le dice “te banco Alberto pero hacete cargo de lo horrible que vas a firmar”. Lo loco es que se lo escribe desde un mensaje público en redes sociales. Justo. Como si hablando allí pudiera preservar eso que en el fondo es la identidad anti-Fondo y de tarifas bajas y sin ajuste fiscal ahí, en el ideal de un posteo, sin sucumbir ante el desencanto de la realidad.

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