Ex embajador de Chile cruzó a Macri: “Kast es la extrema derecha, no tiene nada que ver con la Concertación”

Por Carlos Fuentealba V.

Ayer Mauricio Macri se reunió en el Palacio de La Moneda con el presidente de Chile, Sebastián Piñera, y expresó su apoyo a la candidatura de José Antonio Kast. El ex mandatario dijo que un eventual gobierno del ultraderechista iría “en la misma línea en que gobernó el presidente Piñera y la Concertación”.

Por ello es que uno de los fundadores de este último conglomerado, que gobernó Chile durante cinco períodos, quiso rápidamente aclarar las palabras del ex mandatario argentino. Se trata de José Antonio Viera-Gallo, un político chileno de fuste que conoce perfectamente el funcionamiento del Estado de su país. No en vano fue presidente de la Cámara de Diputados, senador, ministro Secretario General de Gobierno y embajador de Chile en Argentina.

En exclusiva para Diario Con Vos, Viera-Gallo analizó la relación política de ambos países desde un conocimiento, autoridad y prudencia que pocos manejan cuando se trata del tema.

-¿Qué le parecieron las palabras de Macri en La Moneda?

-En general, creo que el cuadro político chileno y el argentino son muy diferentes y, por tanto, hacer comparaciones entre uno y otro trae muchas dificultades. En ese sentido, creo que es más prudente que los dirigentes políticos cuando se refieren al otro país sopesen bien lo que dicen. En este caso, la Concertación no tiene nada que ver con los gobiernos de Piñera, salvo que éste último no ha sido un gran reformador y, por tanto, ha seguido cierta inercia. Pero el impulso que la Concertación tuvo no tiene nada que ver con Piñera. Por otro lado, Kast representa a la extrema derecha y por tanto está en las antípodas de la Concertación. Por eso, todos los partidos que formaron parte de ese conglomerado han dado su apoyo a Boric.

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-También dijo que “Chile es el único país de América Latina del primer mundo”

-Ojalá fuese así. No, desgraciadamente no lo comparto. Chile tiene algunos indicadores muy buenos, fruto de los gobiernos de la Concertación, pero tiene muchos problemas por un crecimiento económico potencial bajo, problemas de desigualdad, medioambientales y con los sistemas de prestación social. Eso por nombrarle sólo algunos de un sinnúmero de problemas. Chile intenta acercarse al desarrollo, pero el camino que le queda por recorrer es todavía largo y surgen siempre nuevos desafíos.

-Macri también intervino en las anteriores elecciones chilenas, cuando él era presidente, en favor de la elección de Sebastián Piñera

-Sí, puede ser, no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo bien es que cuando él fue elegido, su primer viaje fue a Santiago donde se reunió con la presidenta Bachelet. Me tocó estar ahí para recibirlo. En el tiempo que él fue presidente y a mí me tocó ser embajador, las relaciones fueron muy buenas, a pesar de que las orientaciones políticas eran muy diferentes.

Kast representa a la extrema derecha y por tanto está en las antípodas de la Concertación. Por eso, todos los partidos que formaron parte de ese conglomerado han dado su apoyo a Boric.

-¿Qué le parecieron las declaraciones del Embajador Rafael Bielsa acerca de que el candidato Kast es ”anti-argentino”?

-Creo que los embajadores deben estar muy atentos a que sus dichos no interfieran en las relaciones entre los países. Y muchas veces las opiniones, que legítimamente puedan tener sobre un tema, deben abstenerse de expresarlas.

– ¿Y qué le pareció el contenido de esas declaraciones? ¿Cree que Kast podría dificultar las relaciones entre Chile y Argentina?

-Yo quiero pensar que las relaciones de Chile y Argentina son relaciones de Estado, independientes al color político de los gobiernos. Evidentemente esas relaciones se ven afectadas por las coyunturas políticas de los dos países, pero creo que tienen un marco jurídico claro, tratados de paz, acuerdos económicos y mil campos más de relación, que no debieran estar sujetas a quién es el presidente de uno u otro país.

Yo quiero pensar que las relaciones de Chile y Argentina son relaciones de Estado, independientes al color político de los gobiernos.

-Vuelvo a las palabras de Macri porque insisten en reinstalar el mito del éxito del modelo chileno, que pareció venirse abajo en 2019. Sobre todo después de un estallido social que dejó al menos 34 muertos…

-Al estallido social muy poca gente y analistas lo vieron venir. Se han escrito muchos libros y ensayos tratando de explicar las causas. Yo todavía creo que conserva algo de inexplicado. Dicho esto, es evidente, como dice la ONU, que en muchos países se han producido estallidos de esta naturaleza- en Colombia, en Ecuador, en Perú- cada uno con sus características propias.

Lo más lamentable en Chile fue la actuación policial, que se salió de los márgenes de la actuación normal y que produjo graves violaciones a los derechos humanos. Las investigaciones judiciales han ido muy lento lamentablemente, pero espero que lleguen a buen puerto. Yo no creo que estas violaciones hayan sido una orden gubernamental fuera de todo contexto jurídico, sino que más bien fueron el producto de la poca preparación de una policía que se vio sobrepasada y que no tuvo la experticia para actuar bien. Hay que recordar que el gobierno de Piñera, por motivos anteriores, llamó a retiro a 30 generales de Carabineros, con lo cual se produjo una cierta vacancia de la dirección superior de la institución, que se encontraba en una situación compleja.

Yo distinguiría los hechos de violencia, de las grandes manifestaciones pacíficas. Los hechos de violencia no deberían oscurecer la movilización ciudadana que reclamaba cambios sociales que estaban pendientes hace un buen tiempo. Fruto de esas movilizaciones pacíficas se produjo el acuerdo que ha dado luz al proceso constituyente en curso.

-Ahora en el ballotage se enfrentan dos tesis que buscan orden. Boric cree que sólo se puede conseguir cambiando lo que está obsoleto y Kast, manteniendo el sistema actual ¿Cómo ve usted esta disyuntiva?

-Sí, hemos entrado en un período en que terminó un cierto equilibrio social nacido de la transición. Eso es un dato. Chile tiene que encontrar un nuevo equilibrio. Eso solo se puede alcanzar subsanando problemas de la etapa anterior y proyectando con realismo nuevas reformas que logren satisfacer las demandas de fondo que están en las movilizaciones sociales. Eso es lo que pretendía la campaña de Yasna Provoste, que era la candidata de lo que fue la Concertación. Ella no pasó a la segunda vuelta y ahora hemos convergido en apoyar a Gabriel Boric. Esperamos que su proyecto, que es el de una generación que creció con la Concertación y por tanto, criticando a la Concertación, logre ahora encontrar un nuevo equilibrio.

Los hechos de violencia no deberían oscurecer la movilización ciudadana que reclamaba cambios sociales que estaban pendientes hace un buen tiempo.

Por el otro lado, yo lamento que la derecha haya optado por una fórmula extrema. Porque dentro de la derecha hay distintas variantes y últimamente hubo intentos intelectuales y políticos por modernizarse y despegarse de visiones autoritarias propias del pinochetismo. Sin embargo, el electorado de derecha- eso es lo curioso- prefirió una opción más extrema. Quizás fue ante acciones que parecieron también extremas en los movimientos de protesta: se produjo una reacción.

Yo recuerdo lo que pasó en Francia con mayo del 68 que fue un movimiento mucho más fuerte, con huelgas que pararon a todo el país. Acá no tuvimos huelgas ni paros. Allá se detuvo todo el país, pero después ganó las elecciones el General De Gaulle. Eso es un poco lo que ha pasado con la derecha chilena, con gente que en vez de hacerse cargo de los cambios, pone como valor supremo el orden.

-¿Usted comparte la tesis de que el orden no sólo es compatible, sino que será producto de las reformas, como plantea Boric?

-Los desafíos del próximo gobierno son muchos y nada fáciles. Tenemos que enfrentar la pandemia con un crecimiento económico que se estima del 2%; tenemos que recuperar cierto equilibrio fiscal para no caer en inflación, y debemos hacer cambios sociales para los cuales tampoco hay mucho dinero. Yo lo que espero es que el consejo asesor económico de Boric -que son economistas muy serios-, y que entregará al final de esta semana una propuesta con las medidas urgentes para la primera etapa de su gobierno , haga un planteamiento que también sea capaz de poner una mirada de realismo y de gradualidad, como ha dicho el propio Boric, para llevar a cabo los cambios.

-¿Cómo ve la confluencia entre lo que fue la Concertación y el Frente Amplio de Boric?

-En la segunda vuelta uno tiene que escoger entre los candidatos que quedan. Se hace un juicio de valor entre esas alternativas. Frente a una derecha extrema, parece razonable apostar por una alternativa de cambio. En este sentido, yo creo que debemos tener en cuenta que el Frente Amplio son los hijos de la Concertación. Los hijos rebeldes si se quiere. Los hijos impetuosos. Pero ahora les podría tocar gobernar a ellos y tendrían que pasar del momento de la crítica al de la acción. En ese sentido, veo esta confluencia como una oportunidad. Dependerá de Boric. De cuánto él quiera valorar la experiencia y miradas distintas. De todas formas, él ha dicho en repetidas ocasiones que Chile no empieza de cero. Yo espero que se produzca ese reencuentro a la hora de gobernar.

-El ex presidente Ricardo Lagos dijo que Boric ”podía dar el ancho” como estadista ¿Lo comparte?

-Eso sólo se va a ver después. A él se le ha presentado una gran ocasión que no estaba en sus planes al comienzo. No se pensaba que podía ganar la primaria de Apruebo Dignidad ni que iba a pasar así a segunda vuelta. Creo que él tiene una mente abierta. Es una persona respetuosa y dialogante. No es sectario, ni se ensaña en la crítica odiosa. Y si comete errores, los reconoce, como ha hecho públicamente.

-En un eventual gobierno de Boric, ¿Cómo cree que serían las relaciones con Argentina?

-Le voy a hablar desde mi experiencia. A mí me tocó ser embajador 8 meses con Cristina Fernández y el resto del período, dos años más, con Mauricio Macri. Creo que avanzamos en muchas materias con la colaboración de José Octavio Bordón, que era el embajador argentino acá en Santiago. Lo más importante tal vez fue el tratado de complementación económica y libre comercio. Ahora bien, creo que si ambos países están muy preocupados por sus problemas internos, es difícil que las relaciones entre los dos se potencien. Lo importante es que superen las convulsiones y traten de tener una mirada de complementación estratégica. Chile y Argentina debieran ser las dos caras de la moneda en América del Sur y como tal tener una gran proyección en todos los campos. Para eso se requiere voluntad política de ambos lados y entender que está en juego el mejor interés de ambos.

Chile y Argentina debieran ser las dos caras de la moneda en América del Sur y como tal tener una gran proyección en todos los campos.

-Ve posible formar algo así como el tándem francés-alemán que logró integrar a todo un continente

-Eso sería lo deseable. Pero supone un marco conceptual compartido, independiente a si el gobierno es más de izquierda o de derecha en un lado u otro.

-¿Y tiene en la memoria períodos en que las relaciones se hayan acercado a ese objetivo?

-Creo que ha habido varios. Cuando volvimos a la democracia en Chile hubo una muy buena relación con Alfonsín y luego con el presidente Menem. Han habido momentos muy fructíferos y otros no tanto, en que los países han mirado hacia adentro.

-Sería bueno también en la búsqueda de soluciones a la crisis migratoria que afecta mucho a Chile, un país no muy acostumbrado a recibir migrantes. A diferencia de Argentina que históricamente ha sido una tierra de llegada, sobre todo para Europa…

-Pero para Chile también. Hay más de 400 mil chilenos en la Argentina, sobre todo en el sur donde se producen migraciones económicas. Argentina, además, fue muy solidaria y recibió a miles de chilenos durante la dictadura.

-Y sin embargo, hoy José Antonio Kast hace campaña con discursos bastante xenófobos. Habla incluso de hacer una zanja en la frontera de Chile con Bolivia ¿Cómo se imagina una solución a esta crisis?

-La situación no es nada fácil. Sobre todo porque tenemos este flujo permanente de migrantes venezolanos. En otro momento fueron haitianos y colombianos. Ahora el tema más acuciante son los miles de venezolanos que entran ilegalmente. Lo cierto es que las sociedades tienen una capacidad de asimilar extranjeros que no se sabe cuál o cuánto es, pero que hay que sentir. En el norte de Chile se ha pasado ese límite, entre otros motivos porque el gobierno no tiene lugares de acogida, como por ejemplo hay en Estados Unidos. Aunque tengamos muchas críticas a las políticas migratorias norteamericanas, tienen esto que acá no hay y cuya ausencia provoca que los migrantes lleguen a acampar a las plazas, a las veredas, y generen mucha tensión. Para la población común de las ciudades del norte se crea una situación complicada. Por eso, creo que lo primero que tiene que hacer un nuevo gobierno es establecer un sistema de acogida.

La paradoja es que, por otro lado, falta mano de obra, por ejemplo en la agricultura. Entonces hay sectores que piden el ingreso para las cosechas. Ahora es un tema central y no es para nada fácil.

-Casi tan difícil como el de la violencia en la Araucanía chilena. Hace poco, acá en Argentina apareció en algunos medios un racismo anti mapuche ¿Cómo analiza este conflicto, que ha empujado incluso a cierta coordinación de los gobiernos de Fernández y Piñera?

-Este es un tema muy complejo que voy a tratar de manera muy sintética. Yo creo que la sociedad chilena llegó muy tarde a hacerse cargo. Yo estuve a cargo de las políticas indígenas de gobierno por 8 meses, en el primer gobierno de Bachelet, hace ya 15 años y la verdad es que hemos avanzado muy poco desde entonces. Yo creo que la sociedad no quería entender que teníamos acá un problema enorme. Esa misma tardanza, por un lado, y el progreso, por otro, hicieron surgir una nueva generación de líderes mapuches, con educación incluso en el extranjero, muy conscientes de sus derechos. Una parte de ellos, muy minoritaria, pasó a una acción violenta de distinto nivel que se ha ido incrementando. Si bien la mayor parte de las comunidades -que en el sur de Chile son 2 mil- no participan de esa violencia, tampoco colaboran con la policía para que se desbaraten esos grupos extremos. Yo de este gobierno no espero nada al respecto. Si el futuro presidente es Kast me temo que busque una solución por la vía de la represión. Pero si el futuro gobierno es de Boric, tenemos oportunidades políticas. Creo que se debiera hacer lo que se hizo en Nueva Zelanda con los maoríes, una inflexión estatal, y establecer un diálogo representativo para satisfacer sus demandas e ir quitándole el piso a los violentos. Lo hizo Inglaterra también con Irlanda del Norte o España con la ETA. No son la misma situación, claro, pero intento imaginar experiencias en que sí se ha logrado.

-Claro. La verdad es que este tema es para toda una nota aparte y usted me advirtió de otros compromisos. Le pido solamente que cerremos con algunas palabras para nuestros lectores argentinos.

-Sólo decirles que extraño mucho a la Argentina, que es como mi segunda patria. Intento seguir bastante la política de ese país y espero que vayan encontrando caminos de solución a las graves dificultades que se tienen por delante. Y bueno, no se olviden nunca que hay que mirar hacia el Pacífico, porque acá tienen posibilidades abiertas de progreso, de colaboración y de complementariedad. De amistad, al fin y al cabo; de fraternidad latinoamericana.

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1 comentario

  1. Qué interesante lo que dice, y qué importante es encontrar un político que quiera construir en base a la moderación!
    Muy buena nota, gracias.

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