Maradona, un taxista y un poema: la historia de la canción “¿Qué es Dios?”

Por Sebastián Bruno

A poco de cumplirse un año de la muerte de Diego Armando Maradona, repasamos la historia de una de las canciones más bellas que se le dedicaron al último ídolo popular argentino: “¿Qué es Dios?”.

En 2008 Las Pastillas del Abuelo publicó su tercer disco, Crisis, que contiene uno de los temas más hermosos que se le han dedicado al Diego. Pero el autor de esas palabras no fue ninguno de los integrantes de la banda. Quien escribió la letra de esta canción fue ni más ni menos que un taxista.

No hace falta explicar la magnitud de Maradona, pero teniendo en cuenta el amor y la alegría que generaba el Pelusa en tantísima cantidad de gente, no parece descabellado afirmar que fue un Dios. Al fin y al cabo, Dios es un concepto que personifica la bondad, el amor y la felicidad del mundo. Si no es así, entonces, ¿qué es Dios?

De esta manera Las Pastillas del Abuelo nombró al tema homenaje al Diez: ¿Qué es Dios?, como queriendo decir “Dios es este tipo”. Hay un factor clave que le da una impronta interesante a esta canción, y es que no fue escrita por Piti Fernández, sino que lo hizo Alberto Sueiro, un taxista y poeta que falleció en agosto del 2020, a los 65 años.

Un lector de la calle

Beto –como le decían los amigos- se enamoró de la escritura a temprana edad y nunca abandonó el hábito. Su hija Graciela cuenta que, durante muchos años, Alberto había leído solo un libro en su vida, al terminar la primaria: Cuore (“Corazón”), de Edmondo De Amicis, una novela italiana sobre un niño que experimenta situaciones que le hacen ir creciendo emocionalmente. “Lo guardaba como un tesoro. Le había nacido ahí la idea de la poesía. Se sentía inmerso en esa lectura, lo atrapaba”, recuerda con cariño.

Alberto “Beto” Sueiro en su taxi.

Además, asegura que para su padre la poesía “era un modo de plasmar todo lo que sale del corazón, darle sentimiento a lo que hacía”, y que si algo no se hace con el corazón “no tiene sentido”. Hay un video de Beto donde explica esto mismo, y agrega: “Cuando termino de escribir algo me tengo que emocionar, sino no sirve y lo rompo en mil pedazos”.

Cuando termino de escribir algo me tengo que emocionar, sino no sirve y lo rompo en mil pedazos. (Beto Sueiro, autor de ´¿Qué es Dios?´)

Por distintas razones, Beto no tuvo la oportunidad de dedicarle la vida a ese costado artístico en un plano profesional, pero nunca dejó de escribir. Toda su vida se dedicó a transportar personas en su taxi, lo que le dio un buen ojo callejero. “La calle me da letra. Yo soy más un lector de los sucesos cotidianos que lector de libros. La vida cotidiana es un espejo creativo”, declaró en una entrevista de radio.

Un encuentro que cambió todo

En 1988, dos años después del partido contra Inglaterra que convirtió al Diego en un mito, Beto estaba viendo por televisión una repetición de los goles. “El baluarte para reivindicar de una manera artística la soberanía sobre nuestras islas, justamente, fue ese baile que Maradona les pegó. Es el reflejo de un sentimiento muy nacional del cual ningún argentino está exento y que también tuve la necesidad de expresar”, comentó en una entrevista. Y así lo hizo. Tomó un papel, un lápiz y empezó a escribir un poema que relataba esa hazaña: Bajó una mano del cielo y acariciando su pelo / rulo y señal de la cruz / La caricia de Jesús hizo posible el milagro”

Pasaron los años y el poema nunca había salido del entorno de Beto, su familia y amigos. Una tarde de 2003, Alberto levantó con su taxi a un joven que le indicó que estaba apurado, a lo que contestó: “Bueno dale, rocanrol”, una muletilla característica de él que dio lugar a una charla que de otra manera no se habría dado. Ese joven era Juan “Piti” Fernández, quien aún no era muy conocido: su banda movilizaba a un número reducido de fans. 

Una tarde de 2003, Alberto levantó con su taxi a un joven que le indicó que estaba apurado, a lo que contestó: “Bueno dale, rocanrol”

Después de presentarse, el taxista le confesó que los conocía solo porque tenían pintada media ciudad, pero que nunca había escuchado su banda. A modo de consejo, le dijo: “Lo que tiene que perdurar en la memoria colectiva es la letra; tienen que llegar al corazón de la gente”. El músico le respondió con una pregunta: “¿Por qué me decís eso? ¿Escribís vos?”. En ese momento, Alberto le recitó de memoria el poema que había escrito 15 años atrás, dejando atónito al cantante. “Esa canción es mía, la quiero grabar”, le dijo Piti, quien le pidió su número para contactarlo.

Tuvieron que pasar unos tres años para que eso ocurriera. Durante ese tiempo, nadie se contactó con él. Si bien podría haberse acercado a algún recital para reencontrarse con Piti, Beto creía que no correspondía. Pero sabía que el poema le había gustado y que en algún momento se iban a volver a juntar.

Un día, un plomo de la banda se subió a su taxi y Beto leyó el nombre del grupo en su remera. “Decile al Piti que es un tránsfuga”, escupió. Lo que pasó fue que el músico había perdido su número de teléfono y no sabía cómo hacer para encontrarlo. Beto contó la historia, recitó nuevamente el poema y a los pocos días todo estaba arreglado. El poema se convertiría en canción.

El loco diez bajito que hizo milagros

¿Qué es Dios? relata esos dos goles de Maradona contra los ingleses, pero representando en ellos la figura de Malvinas: “Llanto de risas de madres / viendo en el diez al compadre / Genera risa latente / Su risa en todas las fotos / de los hijos combatientes”. Una pequeña venganza que no borraba lo ocurrido cuatro años atrás, pero sí permitió dar un respiro a un pueblo muy golpeado. Y todo lo había hecho “ese loco diez bajito”.

Cada uno de esos goles está relatado con una épica religiosa y de sentimiento nacional, como la figura de las palomas de la paz que vuelan con cada grito de gol. Primero, tras la ayuda de Dios y “su mano”, vuelan a la Isla Soledad para borrar los vestigios de la guerra. Después viene el gol del siglo: “En filigranas de baile, comenzaba su paseo / Sobredosis de talento, convertía a los rivales / En estatuas de cemento”. Con este gol se reafirma la soberanía argentina, y las palomas adornan la Isla Gran Malvina con banderas blanquicelestes.

De todas maneras, la figura de Maradona no está representada en un guerrero que va en busca de venganza, sino que es simplemente “el diez”, que se divierte y muestra al mundo como disfruta de pasear con su “novia eterna”: “La pelota enamorada, blanca piel inmaculada / Se entregaba sin pudor / A suelas de terciopelo, de su eterno gran amor”. El juego como un baile, la pelota como una novia y el acto de amor que culmina con un golazo como orgasmo. Años más tarde, Diego reafirmaría ese amor el día de su despedida: “La pelota no se mancha”.

Beto Sueiro y su encuentro con Diego Maradona

Como en todas las historias, en esta también hay un villano, un enemigo, un Judas. En este caso brilla por su ausencia, “lo expulsaron por traidor” dice en la letra. Se trata de Jorge Rafael Videla, y tiene que ver con su participación durante el mundial del `78, o al menos con la polémica que existe detrás de la organización del mismo por el gobierno de facto. En este caso, alejados de ese pasado hostil y triste, todo recae en el diez y alguna ayuda de Jesús, que vuelve a aparecer para dejar en claro la receta del éxito: “La pelota siempre al diez / que ocurrirá otro milagro”.

Y con este último concepto de Dios y Jesús dejándole el lugar al pibe de oro, la canción termina con un agradecimiento a ambos: “Por tu milagrosa mano / Y el milagro de tus pies / Muchas gracias, señor Dios / Muchas gracias, señor diez”. Hay un juego entre el agradecimiento a Dios por “darnos” a Maradona, pero también con la insinuación de que Dios es Maradona. Así se explica el nombre de esta canción. Entonces, solo queda seguir agradeciendo: a Dios por Maradona y a Maradona por ser Dios. A un año de su fallecimiento, la diferencia entre ambos se hace cada vez más difusa.

Compartir en redes

Comentar