El “Guapo” del Chiqui Tapia versus “El Matador” de Sergio Massa

Por Federico Yañez

El 16 de diciembre de 2019, menos de una semana después de asumir, Alberto Fernández recibió en la Casa Rosada a Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol. El eje estaba puesto en la Copa América que se iba a hacer en 2020 en Argentina y Colombia y se corrió a Brasil en 2021 por la pandemia. En esa reunión estuvieron también Claudio “Chiqui” Tapia y Sergio Massa, de buena sintonía entre ellos. Barracas Central había ascendido al Torneo Nacional por primera vez en su historia a mitad de ese año, mientras que Tigre había caído desde Primera División, a pesar de haber ganado la Copa de la Superliga. Ellos verán como sus equipos definen el lunes el primer boleto para subir a la máxima categoría.

Desde la llegada del gobierno del Frente Todos, la relación con la AFA se enfrió con respecto a lo que pasaba con Mauricio Macri. Si bien es peronista y sindicalista, Tapia no hizo ningún gesto por la fórmula Fernández-Fernández y eligió la prudencia, producto también de su buena relación con la cúpula del PRO. Gracias a su labor gremial, trabó buena relación con Macri, Horacio Rodríguez Larreta y sobre todo Diego Santilli, que fueron, junto con los gobiernos de Daniel Scioli, María Eugenia Vidal y Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, los que avalaron su ingreso al Ceamse, primero como director y actualmente como vicepresidente.

 

Es más, en la semana previa a la asunción del gobierno de Cambiemos en 2015, Mauricio Macri recibió a Hugo Moyano en un almuerzo donde uno de los tres chaperones que llevó el camionero fue su yerno Tapia, padre de cuatro de sus nietos. Dos de ellos son Matías, presidente de Barracas Central, e Iván, el número 10 del “Guapo”.

Antes del inicio de la pandemia, en Presidencia existía la intención firme de sacar a Tapia del edificio de la calle Viamonte. Alberto Fernández promovía Tinelli, mientras que Máximo Kirchner intentaba seducir a Víctor Blanco.

Antes del inicio de la pandemia, en Presidencia existía la intención firme de sacar a Tapia del edificio de la calle Viamonte. Alberto Fernández promovía internamente a Marcelo Tinelli como sucesor, mientras que Máximo Kirchner intentaba seducir a Víctor Blanco, presidente de Racing y secretario general de AFA. Sergio Massa hablaba con ambos. Con el inicio del confinamiento, Chiqui se movió rápido y realizó una asamblea general para reelegirse un año y medio antes del final de su mandato. En mayo de 2020 se votó por las autoridades, que recién asumieron en octubre de este año. Aprovechó el coronavirus para primerear y desactivar cualquier intento desestabilizador. Parte del acuerdo incluyó que Tinelli asumiera como presidente de la Liga Profesional de Fútbol tras la extinción de la Superliga, el sello anterior. Algo así como Marcelo a la Primera División y Chiqui con la Selección y el ascenso.

Tanto Tapia como Pablo Toviggino, hoy tesorero de AFA, lograron tener en Massa a un interlocutor válido en el gobierno.

En el medio tanto Tapia como, sobre todo, Pablo Toviggino, entonces secretario ejecutivo de la entidad, hoy tesorero, lograron tener en Massa a un interlocutor válido en el gobierno y también buscar un aliado que les diera un mínimo halo de inmunidad. Que Tigre juegue en la segunda división con Barracas los ponía en sintonía. Cuando en 2020 se decidió suspender el torneo Nacional, suspender los descensos y realizar un nuevo campeonato, el club de Victoria fue uno de los que apoyó la movida. Ganaba una chance de lograr el ascenso para esta temporada, cosa que consiguieron Sarmiento y Platense.

Sergio Massa junto al equipo de Tigre en Córdoba.

El presidente de AFA vio hace unos meses que la chance de perder su silla tomaba cuerpo cuando la Inspección General de Justicia (IGJ) postergaba la definición sobre la validez de la asamblea del año pasado tras las denuncias de San Martín de Tucumán y Nueva Chicago. El titular de la IGJ, Ricardo Nissen, que fue apoderado de Máximo y Florencia Kirchner en la causa Hotesur, decidió finalmente ratificar la asamblea y por ende la reelección para que la casa madre del fútbol no caiga en acefalía, mientras la Cámara Civil analiza el caso. En off the record distintas fuentes confiaban que habría nuevas elecciones y sin Tapia, pero no pasó ni pasará porque si la Cámara fallara en contra, la IGJ no tiene pensado cambiar su decisión. Punto para Chiqui.

Gracias a su vocación por jugar en el mundo de la pelota, Massa se convirtió en el puente de Tapia con el gobierno. Rota su relación con su suegro Hugo Moyano que podría haber fungido de intermediario y a sabiendas de que ni el presidente ni el ministro Matías Lammens lo tienen dentro de sus oraciones, Chiqui -y su mano derecha Toviggino- dialogan con el presidente de la Cámara de Diputados, que les garantiza una cara amigable.

Sin embargo, apenas terminó el partido de Tigre contra San Martín en Tucumán comenzó la rosca para ver quién imponía condiciones. Inicialmente se iba a jugar el domingo y luego mutó al lunes, aunque recién se oficializó este jueves. Barracas quería jugar en Arsenal -estadio Julio Humberto Grondona- y sin público, mientras que en Victoria querían un estadio más grande y con gente porque el Matador tiene mayor capacidad de movilización que el equipo de Tapia. La presencia de hinchas no resulta indiferente a los jugadores ni, mucho menos, a los árbitros.

Desde el comienzo del torneo se instaló cierta aprehensión por potenciales beneficios para Barracas que se robustecieron en las últimas fechas. El caso más paradigmático fue el partido de local contra Brown de Puerto Madryn, cuando el árbitro José Carreras convalidó un penal inexistente a favor del Guapo, que Matías Tapia erró, y omitió uno claro para el equipo chubutense.

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A eso se suman las dudas por el rendimiento de Villa Dálmine en Campana contra Barracas que posibilitó la clasificación a la final gracias a la victoria 3-1, donde en algunos goles el equipo violeta no opuso demasiada resistencia. El jueves Marcelo Franchini, entrenador de Dálmine, tuvo que suspender el entrenamiento por “por un malestar dentro del grupo”, como le confesó al diario Olé. La mayoría del plantel apuntó contra un grupo de compañeros –se habla de cuatro– que no habría jugado con la suficiente convicción.

El lunes el partido no solo define un lugar en Primera División, que el año que viene tendrá 28 equipos -el Nacional se jugará con 39-, sino también un piso de ingresos por casi 500 millones de pesos al año. El partido de la rosca lo ganó Massa. Veremos qué pasa en la cancha.

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