Lula Bertoldi: “Lo políticamente correcto no sirve, tenés que hacer acciones”

Por Feminacida

Hay en la voz un puñado de momentos: una niña de doce acompañando a su abuela, directora de coro, a cantar en una Iglesia en Córdoba; una adolescente tocando la guitarra e intentando sacar acordes de tal y cual tema que escuchó en un disco que le partió la cabeza; una mujer con una panza de nueve meses tocando en un estadio para miles de personas, con la garganta reventando melodías que luego chicas repetirán en sus casas y en alguna que otra juntada. Está, también, la imagen más reciente: la de la quietud. Después de años en la vorágine musical, en un recorrido enorme de giras, discos y composiciones, Lula Bertoldi, cantante de Eruca Sativa, puso el freno de mano y esperó. Miró hacia adentro. Y descubrió cosas.

“A veces una piensa que volver es como volver a lo anterior, a lo que ya viviste, lo que era irse de gira antes de la pandemia. Estamos todos re cambiados, no es igual. Nos cambió adentro, en el chip. Cómo sentimos, cómo procesamos las cosas, qué valor les damos. Estamos recalculando, esto se puede acabar en cualquier minuto”, dice Lula desde su casa, luego de estar en la ruta de gira con la banda en la Costa. Aquel fin de semana en el que se decretó el aislamiento preventivo y obligatorio producto de la pandemia de coronavirus, Lula tenía que estar en viaje a un escenario, pero ese plan quedaría trunco: no volvería a salir a la ruta en más de un año. Como para tantxs otrxs artistxs el panorama era incierto: ¿qué hacer? ¿Seguir tocando por streaming? ¿Subir videos de ensayos a las redes? ¿Componer algún tema nuevo?

No se pueden imponer estas cosas, pasan o no pasan.

Eruca Sativa acababa de lanzar el disco Seremos Primavera, ganador del premio Gardel en la categoría “Mejor álbum grupo de rock”, un disco que se aleja en parte del sonido más metal para abrazarse a las particularidades del folklore. Es un disco que sale de las entrañas, con temas como Creo, que se convirtió en un himno feminista. “Es hermoso, la canción lo hizo por sí misma. No se pueden imponer estas cosas, pasan o no pasan”, dice Bertoldi.

En ese disco hay una búsqueda. Un sonido distinto, sí, pero también una filosofía distinta del imaginario de lo que es el rock. Hubo críticas -pocas- porque la banda ahora adoptaba también el sonido del folklore.

-Sí, hacemos rock, porque el rock es transgresión, romper el status quo, ir por otro lado. Es medio anárquico. Entonces eso no tiene nada que ver con el sonido en sí. Cuando decís rock te imaginas una cierta sonoridad, nadie puede negar que Charly es rock e hizo Chipi Chipi bombón. Siento que tratamos de correr el límite, de ir buscando, transgrediendo nuestro propio límite. Estamos picando ahí donde duele, no dependemos del riff para hacer un disco. Además, venimos de esa época donde el rock estuvo entre la espada y la pared con las denuncias, no nos interesaba ser parte de ese mundillo. Fue también una forma de rebelarse y ahí salió Seremos Primavera.

Lo que debería haber sido una gira con entradas agotadas para presentar ese álbum, no lo fue. Vino la pandemia, y con ella la incertidumbre y la espera. También, una sorpresa: Lula quedó embarazada de su segundo hijo.

-Es re loco ver la pandemia y lo que pasamos reflejado en un bebé. Milo fue concebido el fin de semana que empezó la pandemia, entonces me acuerdo perfectamente de ese finde que tendría que haber estado de gira y me quedé en casa. Por eso también este tiempo fue tratar de entender dónde estábamos parados, cuánto iba a durar. Siempre decíamos ‘bueno, el mes que viene reprogramamos los shows’; nunca podíamos terminar de entender la magnitud de tal evento y todas las consecuencias y secuelas que está teniendo sobre las personas y las formas de sentirnos y vincularnos. Con Eruca no parábamos. Cuando fuimos madres con Brenda paramos seis meses, nunca paramos un año. Todos quisimos hacer esa búsqueda de sentir que seguíamos haciendo cosas, pero incluso en ese hacer preguntarnos ‘Che, pero, ¿hay que hacer? ¿Es necesario?’ Ahora me encuentro que se abrió todo y mi agenda devuelta está explotada y pensé ‘no aprendí nada’.

Meses pasaron de intentar sacar temas de Caetano Veloso en el living, tocar la guitarra criolla y hablar con sus compañeres por videollamada. En noviembre del año pasado, Lula dio luz a Milo, quien ahora está por cumplir un año y se lo ve agarrando los palillos de la batería en videos que la cantante sube. Durante ese tiempo, las redes se inundaron de mensajes que enaltecían la sobreproducción y el “desarrollo personal”. Había un mensaje de producir, de hacer algo útil con el encierro. “La composición no es que está a flor de piel, que tengo muchas cosas para decir, me siento un poco vacía de qué volcar en una canción. Estoy tratando de respetar eso, es algo que sale o no sale y ya volverá”, dice Lula, con firmeza.

La composición no es que está a flor de piel, que tengo muchas cosas para decir, me siento un poco vacía de qué volcar en una canción.

Con el avance de la vacunación y la disminución de los casos de Covid-19, el Gobierno decretó la vuelta de los eventos masivos al aire libre, con protocolos. Se volvía a escuchar música en vivo, aunque sin la mística que caracteriza ir a un recital: el pogo, roces en los hombros, cantar a los gritos en el estribillo. Ahora, el recital se ve así: impoluto, desde un redondel marcado en el pasto, a distancia de los otros. Algún saltito, de vez en cuando.

A veces una piensa que volver es volver a la gira prepandemia, pero no es igual. Realmente estamos eligiendo estar ahí, estamos viviendo este momento a pleno pensando que no se puede saber qué va a venir. Volver a girar tiene ese sabor que me hace pensar ‘ay, qué hermoso’. Estar en el colectivo, charlar, parar en la estación de servicio, el antes y después del show. Volvió reformulado.

Ahora estamos nosotras

Durante los 90s y los 2000, la escena del rock estaba copada por tipos. Tipos con chupines, tipos con camperas de cuero y corte stone, tipos que tocaban al desamor, tipos que tocaban en contra del sistema. Muchos de esos tipos, años después, fueron denunciados y con eso cambiaría para siempre la escena. Se habían terminado los años de adolescentes entrando a camarines, o por lo menos, ahora era visible lo que sucedía. Pero, también, con las denuncias y el cuestionamiento de los históricos privilegios y abusos de poder de parte de muchos músicos, se visibilizó la lucha de mujeres y diversidades de ocupar espacios en las grillas y escenarios. Lucha que existe hace décadas, que tuvo un auge en el movimiento Riot Grrl en los noventa, con mujeres tomando la escena del rock en Olympia, Estados Unidos: mujeres componiendo, produciendo, creando tanto dentro como fuera de los escenarios.

En Argentina, esa lucha tuvo su conquista: la ley de cupo femenino en festivales, aprobada en 2019. Lo que se gestó como un proyecto de un grupo de música llegó a ser un reclamo colectivo en la escena musical. El cupo establece que, en las grillas que tengan tres artistas o más, haya un 30 por ciento de artistas mujeres. Si antes un festival era un conjunto de bandas masculinas y apenas una cantante, esa realidad cambió. Para Lula, con el despertar feminista en Argentina, donde ella y sus compañeras empezaron a militar, comenzó un proceso de deconstrucción en la escena.

Lo políticamente correcto no sirve, tenés que hacer acciones.

-La escena musical ya está cambiando y dependió mucho de las mujeres de salir a decir y visibilizar. El rock además tiene la forma de plasmar la realidad y hoy somos las mujeres las que podemos estar ahí, nos callamos tantos años. Entre las mujeres, las personas trans, las lesbianas, las mujeres afro, ellas crearon un montón y fueron recontra olvidadas o el crédito se lo llevó algún machito que andaba de paso por ahí. Hoy es ‘correte y dale un espacio a la mujer o visibilizá’, ya vimos a los chabones con millones de denuncias que en sus letras decían barbaridades, pero levantaban el pañuelo verde. Lo políticamente correcto no sirve, tenés que hacer acciones.

En la imagen de mujeres tocando en escenarios, también se suma algo importante: madres tocando en escenarios, mujeres dando teta en camarines, tocando solos de guitarra de heavy metal embarazadas, saliendo de gira, haciendo lo suyo. La idea hace veinte años podría haber parecido una locura, pero hoy existe. Tanto Lula como Brenda, bajista de Eruca, ejercieron la maternidad con confianza, transitándola desde el escenario y los estudios de grabación. Transitando también, menstruación, vínculos, crianzas.

-Yo creo que tengo esa visibilidad que hay que aprovecharla para ganar espacios, no para mostrarte. El otro día una colega me dijo ‘yo viéndote a vos me terminé de animar, tengo un bebé y todo el mundo me decía no vas a poder girar, no vas a poder tocar, estás loca’ y yo le dije ‘hacé lo que te haga bien, nadie sabe como es, solo vos’. Entonces, está bueno generar estas redes, estábamos tan calladas, todo nos daba vergüenza.

-¿Cómo plasmas tu lucha feminista en la crianza de tus hijes?

-Creo que es el desafío más grande, porque yo pienso que uno al niño le pone cosas o información, pero el niño tiene cosas para expresar, para mostrar y para hacer y como madre aspiro a ser ese puente para que esa personita sea libre y feliz y quiera hacer lo que tenga ganas de hacer. Pero, en el medio pasan cosas, vienen con información, tratás de elegir lo mejor, pero hay data que entra y decís “¿esto de dónde salió?”. Siento que también los niños me enseñan a mí algo: yo muchas veces me doy la cabeza contra la pared con cosas que no sabía de mí misma, me hacen dar cuenta de falencias o cosas que tengo que trabajar.

Lula bertoldi

Foto: Fer García

Todo caos hace que luego haya creación y Lula como artista y como persona es de esas que cree que las personas que se suman a la escena con algo para decir pueden construir una nueva narrativa.

“Uno asocia el rock al rockero reventado que le hablaba a pibitas y el rock puede ser otra cosa y las mujeres somos parte de eso, ¿sabés?”, concluye la cantante.

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