Si el paraíso es fiscal, el infierno es tributario

Por Patricio Barton

Si ya era difícil explicar qué es el Paraíso, así a secas (la promesa post mortem para los bienaventurados con certificado de buena conducta), dar precisiones sobre qué es un Paraíso Fiscal es mucho más complicado. Sin embargo, hay más evidencias de la existencia del segundo que del primero.

Así lo confirma la lista de ricos y famosos surgida de la investigación periodística internacional denominada “Pandora Papers”. El mismo nombre de aquella caja mitológica que contenía todos los males del mundo, y que una mujer llamada Pandora abrió y desparramó sobre la Grecia Antigua (un mito que aún no fue alcanzado por la deconstrucción feminista).

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El salpicré ensucia la reputación de empresarios del agro y de la industria, futbolistas, cantantes, políticos, comunicadores, y otros miembros vip del panel de notables que, contra su voluntad, ratifican aquello de que todo lo que falta en un lugar está en otro.

Los Paraísos están en espacios remotos e improbables, casi tan lejos como un aguinaldo para un monotributista. El Paraíso Fiscal, no tanto.

Ya sea Panamá, las Islas Vírgenes, Belice o las Islas Mauricio (sí, Mauricio), las guaridas para no declarar dinero están al alcance de cualquier millonario que tenga donde caerse vivo. Hay bufetes de abogados que se dedican a eso y prestan sus servicios de salvoconductos hacia destinos offshore. Pero nadie ve lo que está a la vista.

Si el paraíso es fiscal, el infierno es tributario. En el fuego impositivo arden los responsables inscriptos y los contribuyentes que ni saben que lo son. A lo sumo algún piola habrá encontrado la manera de evadir un impuestito para cargar la SUBE, pero no más que eso. El pelotón que paga está siempre en la línea de fuego. Es sabido que ahí, además del IVA, también hay impuestos duplicados, aportes a fondos turbios, y tributos extra large para ingresos de talles medium. En ese laberinto la única salida tiene forma de moratoria.

Lejos de allí hay un Edén financiero en el que nadie muestra su número de CUIT y hasta es posible recitar los mantras contra el déficit fiscal y el gasto público sin ponerse colorado. El Estado gasta más de lo que recauda” es una frase a la que le falta la mitad de la oración. La otra parte está enterrada en un Paraíso Fiscal y dice: “…y recauda menos de lo que debería”.

Los Paraísos están en espacios remotos e improbables, casi tan lejos como un aguinaldo para un monotributista. El Paraíso Fiscal, no tanto.

La ocasión hace al evasor y, cada tanto, hay un blanqueo para registrar todo aquello que alguna vez salteó los controles, por arriba o por abajo. El blanqueo de capitales del gobierno de Macri logró recaudar la cifra récord de 116 mil millones de dólares que fugitivos, ignotos, allegados y familiares tenían en colchones extranjeros. Aunque se estima que esa cifra es sólo la tercera parte de lo que hay en negro en los Paraísos olvidados por Dios. En la sala de espera del Purgatorio no quedó nadie.

Los impuestos son tan antiguos como las pocas ganas de pagarlos. Pero no queda otra. Las escuelas, los hospitales, la red eléctrica, las cloacas, los gasoductos y hasta las rutas para huir del país rumbo a un Paraíso Fiscal, todo está hecho con la plata que recaudan los impuestos. También las cárceles, aunque sea incómodo recordarlo.

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