De regreso a Oktubre con Rocambole: “Hay que pensar de nuevo en la tercera vía peronista”

Por Carlos Fuentealba V. 

La casa de Rocambole tiene una fachada antigua, como cualquiera de un barrio de La Plata donde los ancianos siguen tomando el fresco de la tarde con un mate en la mano. Cruzando el umbral de la puerta, sin embargo, es un lugar que hace honor al seudónimo del artista: es un mundo rocambolesco, exagerado y fascinante.

El lugar está lleno de cuadros, bocetos, demonios, afiches, esculturas, reliquias y, entre todo, la pantalla de una Mac de última generación de la que suena una pista de reproducción de Youtube: Doo Wop & Golden Hits Of The 50’s. Escucha la música al palo para trabajar. Tiene abierto el archivo de una pintura que es la misma que está en el atril del centro de la sala. “Es uno de los fantasmas“, aclara, “el del hambre”, oscurece.

A sus 78 años, la figura de Cohen conserva una vitalidad impresionante y entre tanto objeto maravilloso, evoca a la de un gnomo inventor. Su forma de hablar, sin embargo, es seca y calma. Tiene el don de desdramatizar y dejar la sensación de que nada es para tanto. Así, se pasea indistintamente por sus ideas sobre el arte, el diseño, la revolución, la política y sus viejos amigos ricoteros.

Ricardo Cohen junto a la pintura en la que está trabajando ahora: “Fantasma VI: el hambre”

-¿Cómo lo trató esta pandemia?

-A esta altura de la vida, la pandemia no me cambió mucho las costumbres. Yo no soy muy sociable. Ya se han ido muchos amigos y gente con la que he transitado la vida. Así que continué con mi trabajo, acá en mi taller. Tenía una cantidad importante de bastidores en blanco que había adquirido hace poco. Vino menos gente a visitarme y eso también me dio más tiempo para trabajar con ideas que tenía postergadas. Lógicamente no soy inmune a la situación de desazón y de muerte andando por las calles y de gente sufriendo. No sé a ciencia cierta si tuvo que ver con la obra que estoy haciendo, pero a la larga uno descubre que sí.

-Si me dice que está trabajando con una serie que se llama los fantasmas, es porque algo le habrá influido 

-Sí. En pintura no trabajo como en diseño, con un concepto previo. En pintura trabajo con comienzos de ideas y aproximaciones. Me gusta más sorprenderme a mí mismo. En diseño tengo una idea clara de lo que voy a terminar y lo concuerdo con el cliente. Pero cuando pinto me parece que si tengo la idea clara y concreta de lo que voy a hacer, ya no me dan ganas de hacerlo. Han aparecido abruptamente estos fantasmas. Algunas manchas sugieren ideas que las voy probando, invirtiendo y recorriendo.

-Y en estos fantasmas no están algunos de los que han partido en este último año

-Seguramente. Ha muerto tanta gente y mi memoria contemporánea es muy flaca. Sin ir más lejos, se murió mi tía Sarita. Pero bueno, era una anciana, no es nada tan terrible en el sentido de que ya había hecho su vida. Se murió Willy Crook y eso me afectó bastante, porque compartimos mucho, le tenía mucho cariño. Se murió Quino, el más importante dibujante de humor de la Argentina. Con él me sentí afectado desde lo profesional. Porque yo soy hijo de la historieta. Quino, en este ámbito, es sin dudas un referente. Aunque más en el sentido que en la forma. En el sentido de la idea, porque siempre me sentí afín a lo que expresaba.

Se murió Willy Crook y eso me afectó bastante, porque compartimos mucho, le tenía mucho cariño. Se murió Quino, el más importante dibujante de humor de la Argentina. Con él me sentí afectado desde lo profesional. Porque yo soy hijo de la historieta”

-¿Nunca hizo humor?

No, mi humor es bastante malo. Lo más cercano que hice fue una serie de historietas cortas que se llamaban Las Formidables Aventuras del Barón Zamba que se publicaron en la revista Cerdos y Peces. Yo había trabajado en Brasil, en un estudio de diseño. Allí había un revista infantil que me encargó una historieta que tuviera que ver con lo nacional brasilero. Allá en ese momento no tenían una idea de lo nacional como acá. Todo era importado. Empecé con una historia muy seria de cangaceiros, estuve estudiando mucho, y luego se me degeneró para hacerse más humorística. Terminé desarrollando la caricatura de un amigo mío, un hippie artesano con el que estuve en muchas plazas trabajando. Él se hacía llamar Zamba y cruzaba muchas veces la frontera entre Argentina y Brasil, iba galleando. 

-Después se puso más oscuro entonces

-No, la oscuridad estuvo siempre. Incluso el humor era un poco oscuro, jeje.

 

Rocambole en la puerta de su sencillo hogar-taller de La Plata

-¿Y la política?

-Yo siempre fui reticente a esa primera línea. Nunca quise meterme en una vida normal. Siempre estuve armando cofradías o grupos donde aunque fuera desde la declamación, quisiéramos separarnos del mundo.

-¿Y ahora también?

-No, ya estoy viejo para eso. Sólo tengo unos pocos  amigos con los que debatimos nuestras posiciones sobre el mundo que ya no vamos a ver. Y en general somos pesimistas. Creo que el mundo que nos imaginamos es muy parecido a ese que vimos en las historietas. Un mundo en el que naces y te ponen un chip en la nuca que resuelve tu destino, como en el Eternauta. 

-¿Le parece agobiante el panorama que muestran los medios?

-Sí. Uno está super saturado, todos estamos así, porque los medios de distribución de la imagen, el texto y las ideas se han vuelto todos una especie de noticiarios. Antes había más programas de entretenimiento, ahora casi no hay. Toda la televisión es una competencia entre cadenas de información. Estuve leyendo un poco sobre el comienzo de las grandes cadenas periodísticas en Francia, cuando en el siglo XIX  empezaron a apoderarse de todo. La novela es hija del periodismo. De allí surgieron los grandes clásicos: Zolá, Verne, Dumas, Maupassant. A través del incipiente periodismo se fueron alterando las crónicas, con puntos de vista intencionados que dejaban  escrita siempre la historia del que ganó. Cuando aparece el periodismo, aparece el ferrocarril, y es en las estaciones donde se reparten estas publicaciones a los viajeros. Esto que me interesa tanto a mí, la historieta es también hija de ese mundo, por lo que no me puedo abstraer. Ahora estamos inmersos en una inmensa nube de ideas interesadas que tratan de meterte a presión, sobre todo las que te inducen al consumo, porque el negocio es ese y la manera que tienen de imponerlo es desde lo simbólico.

Ahora estamos inmersos en una inmensa nube de ideas interesadas que tratan de meterte a presión, sobre todo las que te inducen al consumo, porque el negocio es ese y la manera que tienen de imponerlo es desde lo simbólico”

-¿Su pintura es un refugio entonces?

-No soy de las personas prepotentes en lo social, soy más bien retraído. Estar en un rincón trabajando es bastante común para los que desde chicos han elegido la idea de vivir para el arte, no de vivir del arte. Yo tengo la idea de que todos los seres humanos al iniciarnos en la vida, alrededor de los dos años y medio, aprendemos tres cosas en el mismo período: aprendemos a caminar, a hablar y a dibujar. Yo lo experimenté con mis hijos. A esa edad le pasas una birome, un trazo, cualquier cosa, y los niños se ponen a dibujar. Y continuamos dibujando hasta los cinco. A los cinco le dices a un niño ‘haceme una ciudad’ y el chico no titubea. Va y dibuja.
Pero algo pasa entre los cinco y los doce que hace que el 90% abandone esa tarea que con tanto entusiasmo había emprendido. Yo me atrevo a pensar que es ahí cuando aparece la escuela, que privilegia otras formas de pensamiento más que las artísticas. Más allá que en las escuelas incorporen clases de arte. Porque no les ponen el mismo énfasis que a la clase de matemática. Si uno anda mal en lenguaje o matemática, repite el grado. Pero nadie repite por dibujar, cantar o bailar mal. No hay una suficiente presión al respecto. Quizás está bien. Pero creo que descubrir el mundo a través del arte es una condición humana que no tiene el mismo privilegio que otras actividades. Es lógico entonces que el capitalismo nos domine y nos haga bailar como títeres. Si la clase de contabilidad era mucho más importante, si lo importante es aprender a concebir el mundo como un tipo de comercio, en el que todo vale,  y todo forma parte de una constructo matemático-económico.

-¿Sería mejor la vida con más arte?

-No sé, pero al menos nos despertaría un estado más crítico frente a esta lluvia de pantallas. No estaríamos tan pendientes tanto de ganar. Porque el arte es una manera de comprender el mundo que te abre la cabeza para tener una conciencia más crítica, para comprender el género humano.

-Y sin embargo hay cosas que nunca se comprenden. En estos días, se anunció el relevamiento de 66 tumbas en La Plata en busca de Jorge Julio López, dos veces desaparecido. 

-Sobre este tema pinté un cuadro que se llamaba ¿Cómo no sentirme así?, parafraseando a los Redondos. En esa obra había estado impresionado por un daguerrotipo de la comuna de París, que era una foto que le sacaron a todos los muertos de la represión tirados por la calle. Usé ese daguerrotipo como fondo y adelante puse dos fetos humanos y un perro de pelea. Eso se me ocurrió para expresar el sentimiento que tenía. 

¿Cómo no sentirme así?, 2004. Acrílico sobre tela.

De regreso a Oktubre

Han pasado ya 35 años del icónico disco de los Redondos, que ya se ha transformado en un objeto de culto. Ricardo Cohen prepara la quinta reedición de “De regreso a Oktubre: lo que quedó en el tintero”, que es un trabajo que rescata los bocetos y todo lo que dibujó para ese proyecto.

-Le propongo que volvamos a esos años, de regreso a 1986 y a la génesis de este proyecto

-Muy bien. Fue más o menos así: después de la guerra de las Malvinas vino la primavera alfonsinista. Era todo una suerte de renacimiento, con la democracia y un optimismo exagerado. Sentíamos la presión de estar alegres, pero también teníamos la idea de que las cosas no son tan así, que cambian de un día para el otro. Porque sucedía lo que después reventó en casos como el de López, los criminales todavía estaban allí. Pero el espíritu de época era otro: hubo muchos movimientos gay que dejaron de disimular como lo hacían antes. Era todo una copia del destape de Barcelona. Recuerdo también grupos de artistas del centro cultural Rojas, con una corriente de artes plásticas muy vinculada a movimientos gay. Después hubo otra de teatro y apareció lo que en ese momento llamaban under. En la música popular se dispararon muchos grupos alegres, que proponían una cosa más liviana que la que se venía experimentando hasta entones. Por eso lo nuestro fue tan revulsivo. De repente Los Redondos aparecieron con un disco absolutamente oscuro, que nadie sabía  muy bien como iba a ser recibido. Y esa oscuridad era porque no estábamos tan seguros de que la cosa estuviera para ponerse alegres.

-Muy fuerte tanto sovietismo en una época de guerra fría también

-El disparador del proyecto fue que con Skay y Poly y otros amigos fuimos al Luna Park a ver al Coro del Ejército Rojo de Moscú. Eran 100 tipos cantando con una voz de sótano, muy grave, haciendo vibrar al Luna Park. Nos fuimos impresionados y ahí hablamos de hacer un disco en homenaje a todas las revoluciones de la humanidad y que sonara así como suena, con esos bajos tremendos. Skay tiene una manera muy épica para componer. Más que canciones me parecían himnos. El Indio, por otro lado, tenía esa capacidad de darle una poesía muy sugerente.

-¿Y cómo se pusieron de acuerdo en la idea?

-Nos fuimos a trabajar cada uno por su lado y después la montamos. Así trabajábamos. Charlábamos bastante y después cada uno por su lado. En general los músicos cuando terminan de grabar un disco, lo que quieren es ver el disco al otro día en la calle. Les agarra una ansiedad terrible. Entonces es inevitable trabajar en paralelo para que esté todo listo. Yo me fui a meditar sobre las revoluciones y a ver algunos afiches sobre 1917, afiches sobre la guerra civil española, volantes anarquistas de las luchas argentinas, la FORA, la semana trágica, lo que fue la patagonia rebelde que fue hace ya un siglo.

-Y el resultado fueron íconos que continúan vigentes

-Eso fue impresionante. La difusión que sucedió con mis imágenes, sobre todo de aquellas que trabajé con los redondos, me asombraron muchísimo. Igualmente la banda se asombró con lo que pasó con la música. Yo jamás pensé que un trabajo que estaba haciendo pudiera ser reversionado tantas veces y en tantos soportes. El que más me impresionó fue la piel. Recuerdo que en los noventa, alguna vez fui a trabajar al estadio de Huracán, a montar un escenografía para un concierto- porque todavía las armábamos así, sin proyectores- y se acercó un chico que me saludó y se levantó la remera. Me mostró la espalda completamente tatuada con el esclavo de Oktubre. Ahí me asusté y dije yo no me hago cargo. Fue el primero que vi, de muchos.

-Y si hoy se propusiera una estética revolucionaria ¿cómo sería?

-Diferente. Sobre la estética de la revolución ya abundamos en un tipo de imagen. Las imágenes que podrían actualidad serían un poco más técnicas. Si tuviera que hacer una descripción del paisaje actual, ocuparía mucho más la computadora. A pesar de que siempre empiezo con lápiz y papel. He trabajado mucho con máquinas, sobre todo a partir de Último Bondi a Finisterre, pero siempre empiezo con lápiz. Me interesa mucho la relación entre lo artesanal y lo digital. A veces escaneo, a veces imprimo y meto la mano en ambos lados. Para mí una máquina es un pincel más. Pero sí, creo que un paisaje revolucionario tendría que tener mucha más tecnología.

Me interesa mucho la relación entre lo artesanal y lo digital. A veces escaneo, a veces imprimo y meto la mano en ambos lados. Para mí una máquina es un pincel más”

-¿Inserta en la industria cultural?

-No hay otra. Hoy es inevitable caer en los distribuidores de música e imagen en red. Es casi lo mismo, las disqueras salieron de la cancha. El capitalismo se va refinando para embromarte de alguna manera. En algún momento se podía ser independiente, fabricando sus discos y distribuyéndolos uno. En este momento lo que no está en Spotify, es como que no existe. Pero si hacés algo como Los Redondos, que sí existe por fuera de esos espacios y empezás a ser un fenómeno en las redes por tu cuenta, como L Gante, alguien te cuelga en Spotify. Y alguien gana plata con tu obra, por lo que tienes que ir a Spotify y decir esto es mío y meterte.

-Es lo que le pasó a Paulo Londra

-Sí, claro. Y a Los Redondos también les estaba pasando. Tuvo que ir a España su representante porque alguien estaba bebiendo de su néctar. Entonces ya no te puedes quedar afuera. Si quieres mantener cierta autonomía tienes que meterte hasta el fondo. No podemos negarnos a la tecnología y a la industria como antes. Hay que entrar a la cancha.

-A propósito de entrar a la cancha… ¿se vacunó, no?

-Sí, claro. Me dieron la Astrazeneca, aunque hubiera preferido que me dieran la Sputnik para cerrar el círculo de Oktubre (se tienta).

El Indio y el peronismo

-¿Escuchó el último concierto del Indio y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado?

-Sí, claro. Muy bueno. Tiene buenos temas, Solari siempre tiene buenos temas.

-¿Le pareció que era una despedida?

-A esta altura parece que uno siempre se está despidiendo. Es una eterna despedida. De los seres vivos, el hombre es el único que sabe de su finitud. Entonces se pone mimoso a esta edad.

-¿Ha hablado con el Indio?

-No me comunico con él desde hace muchos años, desde poco después que se separaran. Cambió de número de teléfono muchas veces, casi diariamente en una época, porque lo acosaban mucho. Ahora no tengo su número. No sé si él tiene el mío. Él es ermitaño. Yo también, bastante. No sé ni ir a su casa. Y el no viene a La Plata. Con Skay Bellinson es difrente, he mantenido bastante cercana la relación con él y cada tanto nos comemos un asado.

-¿Le gustaría comerse una asado con Solari?

-Sí, cómo no. A ver qué dice el viejo a esta altura. Debe ser bastante diferente al que yo conocía. Lo mismo que yo.

-Le cambio de tema y lo llevo a la más pueril actualidad: las PASO ¿Cree que Argentina está virando a la derecha?

-Los estados de ánimo van y vienen en la historia. Puede que el último invierno, por necesidad de cambio haya habido un viraje espontáneo, de tipo intuitivo y emotivo hacia allá. Algo de tipo ‘estos de la izquierda me tienen harto, voy por estos otros’. Pero no creo que haya una corriente de pensamiento que esté cuajando. Al contrario, creo que es más bien un producto de la comodidad del pensamiento.

Puede que el último invierno, por necesidad de cambio haya habido un viraje espontáneo, de tipo intuitivo y emotivo hacia allá. Algo de tipo ‘estos de la izquierda me tienen harto, voy por estos otros’. Pero no creo que haya una corriente de pensamiento que esté cuajando”

-¿Y eso le preocupa?

-No sé. A esta altura, no sé. Porque el capitalismo se ha mandado millones de cagadas. Pero las fases históricas de resistencia a esos regímenes, donde la izquierda preponderó, no fueron muy inocentes en cuanto a crímenes, despotismo y autoritarismo. Entonces no es buena esa bipolaridad. Hay que pensar de nuevo en la tercera vía peronista.

-¿Y cómo ve al peronismo?

Lo veo saludable. Creo que le hizo bien este cachetazo. Mientras existan los que tienen la pasión de servir el peronismo estará saludable. Y eso lo veo en muchos jóvenes. Creo que hay algunos muchachos aún pensando que pueden darle mejor vida a la gente. Se tienen que apurar eso sí, porque estamos frente a problemas difíciles. Por eso te mostraba ese cuadro, el fantasma del hambre. Si no se apuran, vamos a tener problemas porque estamos en los umbrales económicos y civilizatorios. Los informes sobre el cambio climático han sido lapidarios. Por eso es que no soy demasiado positivo.

-¿Ni aún a comienzos de octubre?

-Propusimos ese concepto porque creemos que octubre es un mes revolucionario por muchas razones.

-¿Octubre de 2021 también?

-Vamos a ver. Yo no creo en una revolución real, externa, en tanto no se haya revolucionado el corazón del hombre. No es tan nuevo lo que digo, porque es lo mismo que decíamos en el 66 y lo mismo que he sostenido en toda mi carrera.

-¿En qué consiste esa revolución interna?

-En amor (se queda callado unos segundos, sosteniendo la mirada). Amor a los semejantes, a la vida, al planeta. Ese es el único motor para encontrar una manera de acomodarnos. Y se nos está haciendo tarde.

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