Todos aman a ABBA (los metaleros también)

Por Diego Mancusi

La referencia está en “The Moor”, tema con el que empieza el disco Still Life (1999), y aparece apenas un par de segundos antes de la marca de los cinco minutos. En esa época a Opeth se la consideraba una banda de death metal puro y duro, aunque ya experimentaba (y lo haría cada vez más a medida que avanzaba su carrera) con estructuras de rock progresivo. Su álbum anterior My Arms, Your Hearse (1998) los había hecho conocidos en la comunidad heavy europea pero todavía no tenían una gran base de fans por fuera de su Suecia natal. En este contexto la cita llama todavía más la atención: después de un growl profundo del cantante Mikael Åkerfeldt, la canción muta a algo que podríamos considerar un estribillo, y la melodía en la que se apoyan los versos “pale touch /writhing in the embers” (“el toque pálido / retorciéndose en las brasas”) es, nota por nota, la del coro de “Lay Your Love on Me” de ABBA.

“Cuando me voy a dormir todavía escucho a ABBA por algún motivo. Me hace sentir cómodo. Me hace sentir en casa”, contó alguna vez Åkerfeldt. Y lo suyo no es una excepción: mientras los metaleros más cerrados sobreactúan la parada de macho agitando a Agnetha, Björn, Benny Andersson y Frida por blandos, comerciales, sensibles, complacientes y bailables, muchos de sus ídolos se declaran fans.

Mientras los metaleros más cerrados sobreactúan la parada de macho agitando a Agnetha, Björn, Benny Andersson y Frida por blandos, comerciales, sensibles, complacientes y bailables, muchos de sus ídolos se declaran fans de ABBA. 

Este amor incondicional por los cuatro fantásticos del pop se reaviva por un regreso que nadie vio venir: el 2 de septiembre publicaron “I Still Have Faith in You” y “Don’t Shut Me Down”, dos canciones que tenían grabadas desde 2018, y anunciaron que su próximo disco Voyage –el primero en ¡cuarenta! años: el anterior es The Visitors del 81– sale el 5 de noviembre. También hay vuelta… podría decirse que en vivo: en la gira ABBA Voyage –que empieza el 27 de mayo en el Parque Olímpico Reina Isabel de Londres– no actuarán ellos en persona sino sus avatares digitales (“ABBAtars”), acompañados por una banda de diez músicos.

Quien se ofreció para ser el baterista de ese grupo de apoyo fue nada más y nada menos que Dave Grohl. “Escuchame… me levanto y toco la batería con que sólo me lo pidan. Mostrame una batería y me siento. Así que sí, tocaría con ABBA”, declaró en una entrevista con la BBC en la que también contó que lloró “como un bebé” con las nuevas canciones y que ni bien encontró los temas se los reenvió “como a cien personas”.

Dave Grohl lloró “como un bebé” con las nuevas canciones y se las reenvió “como a cien personas”.

No es el primer cruce del ex Nirvana y actual Foo Fighters con el cuarteto: en 2013 produjo If You Have Ghost, un EP de Ghost en la que el grupo sueco de heavy metal liderado por Papa Emeritus versiona “I’m a Marionette” de sus famosos compatriotas. Al respecto, uno de los Nameless Ghouls (todos los músicos que integran la banda usan este mismo seudónimo para mantenerse en el anonimato) le contó a la revista Metal Hammer cuando salió el EP que “amamos estas canciones y también a las bandas. ABBA y los Beatles probablemente sean nuestras influencias más grandes”.

Quizás no sorprenda tanto que Grohl sea fan –teniendo en cuenta que viene de grabar un disco de covers de los Bee Gees– o que Ghost –cuya música, por más pesada que sea, tiene un innegable componente pop– los venere. Un poco más raro puede resultar que los elogie Satyr, frontman de Satyricon, una banda de black metal noruego con temas como “Now, Diabolical”, “The Pentagram Burns” o “That Darkness Shall Be Eternal”. En el libro The Cult Never Dies: Volume 1 de Dayal Patterson, el cantante dice “andá a un bar de karaoke metalero –tuve ese privilegio un par de veces– y vas a ver que la gente está escuchando heavy toda la noche, pero cuando están borrachos de verdad alguien pone ABBA y ahí es donde la cosa se pone buena”.

Andá a un karaoke metalero. Cuando están borrachos de verdad alguien pone ABBA y ahí es donde la cosa se pone buena.” (Satyr, frontman de Satyricon)

No sólo las nuevas (o más o menos nuevas) generaciones del rock pesado aman a los autores de “Waterloo”: también los patriarcas que los influenciaron les reconocen el mérito. Brian May de Queen –que con “Stone Cold Crazy” del ´74 sentó las bases de lo que después conoceríamos como thrash– dijo sobre sus contemporáneos: “Hay gente que puede producir canciones buenas de la nada. Por ejemplo, no importa qué pienses de ABBA, no podés negar que esas melodías son inmortales. Te hacen algo”.

Todavía más vehemente en su fanatismo es Ritchie Blackmore, ex guitarrista de Deep Purple y Rainbow. “Me gusta la música popular. Me gusta mucho ABBA, pero te estigmatizan con que ‘no podés hacer eso porque estás en una banda heavy’, y yo pienso que eso es una mierda. Tenés que hacer lo que se te antoje”, declaraba ya en 1979. Entrevistado para el documental The Ritchie Blackmore Story en 2015 contó una anécdota de sus años en Rainbow que deja en claro cómo muchos metaleros viven con culpa su pasión por el pop pegadizo. “Vino [el baterista]Cozy Powell y dijo ‘¿saben cuál es mi banda favorita? Es ABBA. Y todos hicimos ‘ooooooh, ¡ABBA! ¿Cómo podés?’. Él dijo “sí, sí, ya sé, pero es mi banda favorita’. Y entonces yo dije ‘y la mía también’. Y el bajista dijo ‘bueno, la mía también’”.

“Una de mis bandas favoritas es ABBA”, confesó Lemmy Kilmister, el líder de Motorhead.

Blackmore incluso estuvo a punto de colaborar con Agnetha: según publicó la página oficial de Rainbow, el 4 de junio de 1980 la cantante apareció en la prueba de sonido del show que el grupo tenía previsto dar ese mismo día en el Isstadion de Estocolmo para hablar de ese proyecto que finalmente, por desgracia, nunca se concretó.

Siguiendo con los 70, conocida es la historia de “Pretty Vacant”, tercer single de los Sex Pistols: su autor, el bajista Glen Matlock, reconoció que se inspiró en un fraseo del estribillo de “SOS” de ABBA para componer el riff con el que empieza la canción. Matlock se fue de la banda punk en febrero del 77, y su reemplazante tuvo un maestro famoso: “Sid Vicious vivió en mi departamento un par de meses y traté de enseñarle a tocar el bajo pero no hubo caso”, contó Lemmy Kilmister, que por esos años estaba echando a rodar Motörhead. Lemmy, cómo no, también fue fanático de los suecos.

“Contanos algo de vos que nos sorprenderá por completo”, le pidieron en una entrevista con el Huffington Post en 2014, y su respuesta cumplió con lo prometido: “Una de mis bandas favoritas es ABBA”. Así las cosas, mientras algunos fuerzan la pose recia y se escudan tras la ironía y el concepto cobarde de “placer culpable”, los más pesados de todos no tienen empacho en decirle “gracias por la música” a sus colegas escandinavos.

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