Las “mujeres de confort”: las 400.000 esclavas sexuales que Japón mantuvo durante la Segunda Guerra

Por Leticia Martínez

A sus 68 años, Kim Hak-soon fue la primera mujer en contar en público cómo a sus 17 años había sido vendida a soldados japoneses y convertida en una chica “de confort”. La historia de Kim generó que otras mujeres de China, Corea o Filipinas, entre otras nacionalidades, se animaran a contar cómo fueron esclavizadas sexualmente alrededor de 400 mil jóvenes por parte de la Armada de Japón en la Segunda Guerra. ¿Cuál es la historia de estas mujeres que se mantuvo en silencio durante casi medio siglo?

La política militarista de Japón

Desde la década del ‘30, Japón había avanzado sobre territorios de China y también de lo que hoy es Corea del Norte y Corea del Sur, entre otros estados asiáticos. Tras varios años marcados por distintos focos de conflicto, en 1937 se inició oficialmente la guerra entre el gobierno nipón y los países sobre los que había avanzado militarmente, que conocen a este período como un conflicto bélico de resistencia.

“Japón triunfa con la política militarista en Asia y durante ese período se van a reclutar mujeres a las que van a esclavizar sexualmente. Según los testimonios recuperados, tienen una característica en común: son mujeres muy pobres que pertenecían sobre todo a las colonias de Japón o eran hijas de campesinos de zonas marginales”, explicó a Diario con Vos la doctora en Ciencias Sociales e investigadora del CONICET María del Pilar Álvarez, quien escribió el libro Mujeres de Confort en China. Una Guerra Íntima.

Las metodologías de reclusión variaban de acuerdo a la región. En algunos casos se les prometía un trabajo, en otros eran vendidas por sus conocidos y otras directamente fueron llevadas a la fuerza.

La especialista contó que las metodologías de reclusión variaban de acuerdo a la región. En algunos casos se les prometía un trabajo, en otros eran vendidas por sus conocidos y otras directamente fueron llevadas a la fuerza. Eran trasladadas a burdeles que ya estaban en funcionamiento o en algunos casos las mantenían en los propios campos de combate. Las mujeres esclavizadas eran de China, Corea, Filipinas e incluso Japón, entre otras nacionalidades asiáticas. Va a haber una sola excepción: las holandesas que vivían en Indonesia, tras la colonización por parte de Países Bajos.

“No las dejaban salir del lugar, estaban atadas, recibían muy poco alimento y a medida que avanzaba la guerra era cada vez peor. Las obligaban a atender aproximadamente a 15 soldados japoneses o de las colonias. Les pegaban, las torturaban, si quedaban embarazadas las obligaban a perder sus embarazos. Había una dinámica de tortura permanente”, explica Álvarez, sobre el calvario que vivieron estas mujeres.

Por qué se mantiene la palabra “confort”

A las mujeres que fueron reclutadas por la Armada nipona se las denomina como chicas “de confort”, que es la traducción de la palabra que usaba Japón y que figura en los registros oficiales. Álvarez explicó que si bien el término es polémico, las organizaciones que defienden a las víctimas decidieron dejarlo porque así se las conoce popularmente, y lo escriben entre comillas.

“Mujeres de ‘confort’ es la palabra que figuraba en los registros de Japón cuando la Armada imperial solicitaba mujeres que, según su mirada de esa época oficial, era para ejercer la prostitución. Pero esto nunca ocurrió. Eran reclutadas por la Armada como esclavas sexuales”, explicó Álvarez, y agregó que si bien algunas de ellas eran prostitutas, igualmente fueron forzadas a tener relaciones sexuales y esclavizadas.

Cuando en 1945 finalizó la Segunda Guerra, fueron liberadas. Algunas volvieron a sus antiguas casas, otras no pudieron o no quisieron hacerlo. “Nadie va a hablar de esto en la esfera pública, fue algo del ámbito privado. La mayoría ni habló del tema y trató de sobrevivir como pudo”, aseguró Álvarez sobre el silencio que hubo tras el conflicto bélico. Por temor, por vergüenza, por sufrimiento, callaron durante décadas.

Romper el silencio

Durante 50 años, las víctimas de esclavitud sexual nunca contaron en público lo que habían vivido. Si bien habían salido algunas publicaciones periodísticas, no figuraban sus nombres ni se veían sus rostros. A comienzos de 1990, el gobierno japonés negó tener alguna responsabilidad. Eso generó la ira de Kim Hak-soon, una mujer esclavizada, que el 14 de agosto de 1991 decidió hablar frente a una cámara de televisión. Fue la primera en hacerlo, pero no sería la última.

Kim Hak-soon, la primera “mujer de confort” en romper el silencio en 1991.

Kim Hak-soon, surcoreana, contó cómo su padrastro la vendió a los soldados japoneses en China. Fue llevada junto a otras mujeres a una “estación de confort” cuando tenía 17 años. A sus 68, recordó en público cómo los soldados abusaban de ellas día tras día, en unas habitaciones separadas por sábanas. La mujer contaría también que una vez finalizada la guerra, debió enfrentar a su marido que cuando se emborracha la golpeaba recriminándole que había sido una esclava sexual. Eso fue parte del otro calvario que tuvieron que vivir al ser liberadas.

A comienzos de 1990, el gobierno japonés negó tener alguna responsabilidad. Eso generó la ira de Kim Hak-soon, una mujer esclavizada, que el 14 de agosto de 1991 decidió hablar frente a una cámara de televisión.

La historia de Kim Hak-soon generó que otras mujeres comiencen a hablar. Por las primeras investigaciones en Corea del Sur se calculaba que al menos 200 mil habían sido víctimas de la Armada japonesa. En la actualidad, con las investigaciones de países como China, el número llega a unas 400 mil. Se creó una asociación para recopilar información y con ayuda de organizaciones de derechos humanos y fundaciones cristianas, lograron dar a conocer lo que había pasado.

En 1992, el gobierno japonés reconoció su rol y luego brindó una compensación económica, aunque fue cuestionada por la forma en la que lo hizo de acuerdo a su vínculo con los países implicados. El movimiento se extendió por toda la región y hasta el día de hoy piden justicia. En Corea del Sur, las organizaciones de derechos humanos se movilizan todos los miércoles a las 12 frente a la Embajada de Japón en Seúl para recordarles que no se olvidan de lo que pasó.

En Corea del sur realizaron 500 estatuas para homenajear a las víctimas de Japón.

“Las ´mujeres de confort’ representan la marginalidad, la pobreza, la discriminación. Representan una lucha tan grande y a tantos niveles, desde haber sobrevivido a animarse a hablar, y de ser estas mujeres marginadas por lo ocurrido en sus propias sociedades: por eso el símbolo enorme de este movimiento. Las víctimas han logrado una transformación increíble”, explicó Álvarez sobre la situación que debieron vivir con los victimarios y después, también en sus sociedades. La gran mayoría de ellas murió sin recibir justicia, pero sí permanece un legado que aún hoy sus sociedades toman como propio para defenderlas en su memoria.

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