¿Cómo es abortar en Argentina hoy?

Por Feminacida

Son las ocho de la mañana y M. camina hasta una clínica en el barrio porteño de Palermo. Entra, hace el ingreso y se sienta a esperar. Entre las paredes grises y con olor a desinfectante, espera conocer al doctor que le recomendó la conocida de una amiga, que le realizará un aborto por 60 mil pesos. En la clínica —ese tipo de clínicas que cobran fortunas por una tomografía computada o un análisis de sangre— quizás haya más personas como M., que van ocupando asientos con el gesto de quien va a visitar a su ginecólogo, pero en realidad están devanándose los sesos porque en minutos les practicarán un aborto, intervención que, hasta ese entonces, era ilegal.

M. tiene 20 años y es parte del coro de una iglesia católica de Capital Federal. Está en pareja desde hace dos con un chico que juró que no había problema en continuar el embarazo, que él se ocuparía. Pero M. le dijo con claridad: “No estoy mentalmente lista para esto. No quiero hacerlo”.

En el primer Día Internacional por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe luego de su legalización en Argentina, nos preguntamos: ¿cómo es abortar hoy en nuestro país? ¿Qué obstáculos siguen dificultando el acceso a este derecho? ¿Cómo se reconvirtió el rol de las socorristas en este contexto?

Pasar por una situación de querer acceder a un aborto durante la pandemia fue sumamente complejo: no solo porque las interrupciones voluntarias del embarazo todavía estaban recluidas a la clandestinidad, sino que además sólo podían hacerse cirugías lxs pacientes consideradxs “de riesgo” frente a una emergencia. En ese cuadro, los espacios como la organización sin fines de lucro Socorristas en Red fueron sumamente necesarios para las mujeres y personas gestantes que necesitaran asesoramiento y acompañamiento.

Según el informe que realizaron desde la organización a fines de 2020, durante la pandemia realizaron 8.867 acompañamientos de abortos autogestionados y 6.430 acompañamientos de abortos en el sistema de salud. Ahora, con la ley 27.610, la situación es otra. En los primeros seis meses del año se comunicaron 6.517 personas para solicitar acompañamiento para abortar, en su mayoría personas de entre 18 y 28 años. Otro dato que se desprende del último informe es que el 70 por ciento manifestó haber sufrido algún tipo de violencia machista. Entonces, ¿por qué es importante la existencia de este tipo de redes de acompañamiento? ¿Cuáles son las necesidades subjetivas de las personas que se contactan? ¿Cuál es el rol de la educación?

Socorristas en Red está recopilando denuncias de malas prácticas a partir del 24 de enero de 2021, ya con la vigencia de la ley, para presentarlas a las autoridades del Ministerio de Salud.

Ruth Zurbriggen es docente y miembra de Socorristas desde sus inicios. Para ella es importante entender que la plena aplicación de la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) y la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) varía según cada territorio y sistema de salud. “El país tiene historias desiguales en relación con la garantía del acceso a este derecho. Y estas historias desiguales no son sólo con las provincias del norte, como aparece más en el imaginario; esas desigualdades están dadas también dentro de una misma ciudad al interior de las instituciones. El sistema de salud no es un sistema unificado en términos de prácticas. Un objetor de conciencia puede ser objetor sin negar el derecho, pueden derivar al equipo que garantiza IVE o derivan a otra clínica que sí lo hace y garantizan el traslado a ese espacio.  La ley reconoce el derecho a la objeción, pero no pueden obstruir. Si en una clínica todas las personas son objetoras, tienen que garantizar el traslado a una clínica que sí haga la práctica y se haga cargo de los gastos del traslado. ¿Hoy eso se garantiza? No”, explicó a Diario Con Vos.

Zurbriggen señaló cuáles fueron los cambios en su tarea a partir de la aprobación de la ley, y qué desafíos y problemáticas aún quedan por resolver.

–¿Cómo cambió el trabajo de ustedes desde la aprobación de la IVE hasta ahora?

–Por un lado, así como decimos que la ley instala otro piso de posibilidades, lo instala también para el activismo de Socorristas porque les podemos dar más opciones a las personas que nos contactan. ¿Qué quiere decir? Tenes el camino de la autogestión, tenés el camino de la solicitud en el sistema de salud de una ILE y de las dos formas te acompañamos. Nuestro hacer es acompañar esa decisión por el camino que la persona elija. A la vez, acompañar el camino de solicitud de IVES o ILES nos permite hacer un monitoreo y mapeo de cómo está siendo la aplicación de la ley. En ese sentido, hay equipos que se han fortalecido enormemente, la ley nos da posibilidades a todas las personas, también a los equipos de salud. La ley sostiene y da un espaldarazo, porque viene a decir “esto no está mal, el Estado te lo va a garantizar”. La ley colabora en la desestigmatización.

–¿Cuáles son las situaciones que se encuentran en las provincias con los antiderechos?

–El accionar de los antiderechos de manera organizada fue ir a la justicia a pedir la inconstitucionalidad de la ley, a ver si en algún juzgado les daban esa posibilidad. Les viene saliendo mal, no lo vemos en el tono de atacar espacios donde se garantiza abiertamente. No vemos sectores antiderechos parados afuera de hospitales donde se sabe que realizan la práctica. Su accionar es más subterráneo, a veces es la forma administrativa que te dicen “acá no podés hacer esto” o “no hay turno, vení en 10 días”. Actúan cuestionándote cuando vas a hacerte la ecografía, aunque el diagnóstico diga IVE, lo cual significa que el técnico no tiene que mostrar imágenes a no ser que la persona lo pida, pero las muestran igual. La red de socorristas está recopilando denuncias de malas prácticas a partir del 24 de enero de 2021, ya con la vigencia de la ley, para presentarlas a las autoridades del Ministerio de Salud.

Para M., explicarle a sus amigas más cercanas que había decidido no continuar con su embarazo fue una situación muy incómoda. Ellas también pertenecen a la iglesia y le insistieron para que continuara con una maternidad no deseada, e incluso que contemplara darlo en adopción. Se habló de pecado, del alma ultrajada, de la familia. Pero la decisión de M. estaba tomada. “Yo sé que para muchas de ellas fue la peor. Pero para mí, la peor era volverme loca con algo que no quería que pasara más, algo que estaba partiéndome al medio. Obviamente me siento pésimo porque soy católica practicante, pero aún así, no podía seguir con esto”, dice, en un susurro cada vez más fuerte. ¿Qué pasa con aquellas personas que no tienen un acompañamiento en un proceso tan complejo?

“A nosotras nos contactan a través de las líneas telefónicas que tenemos las colectivas de la red. Si nos contactan a través de las redes, les proponemos una llamada telefónica, porque ese primer llamado es muy importante para dilucidar que esa persona no esté siendo presionada”, contó Ruth. Además, para las Socorristas los encuentros presenciales son la clave del acompañamiento.

Ahora, el desafío es garantizar la aplicación de la ley y dar a conocer su contenido. “Para nosotras hacerla cumplir, darle vida a la ley en las instituciones de salud, implica que todo el texto de la ley debe estar en las instituciones. El problema es que no hay una garantía de su cumplimiento en todos los lugares, y donde sí se garantiza la IVE no es en los términos de la ley. Además, no hay límite territorial para que alguien se vaya a otro lugar a hacerse el aborto. Tenemos que construir empoderamientos subjetivos en las personas que quieren abortar, que las personas estén informadas”, indicó Ruth.

La educación es el territorio de intervención fuerte para las Socorristas: “Desde que está la ley y en los últimos tres meses, estamos haciendo talleres dirigidos a docentes virtuales y presenciales, según la situación de cada lugar, para demostrar que en la ley también hay un artículo que refiere a los profesionales de la educación con el tema. Trabajamos para desidealizar y desromantizar la maternidad, y explicamos el riesgo que implica un embarazo en una niña o adolescente por múltiples factores”.

M. pertenece a ese rango etario, la franja de quienes recibieron una charla dada por una empresa de toallitas o discursos aleccionadores que predicaban la abstinencia, pero no los métodos de cuidados anticonceptivos. Ya pasaron dos días desde la intervención y está en su casa abrazada a sus amigas más cercanas, las que la sostienen, ese lugar donde cobra más sentido la frase “nos tenemos”.

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