Etiopía, del Premio Nobel de la Paz a la mayor catástrofe humanitaria en África

Por Sergio Galiana

En la última década Etiopía se había convertido en suerte de ‘modelo’ para el continente: garante de la estabilidad regional -que le valió el Premio Nobel de la Paz a su primer ministro, Abiy Ahmed Ali, en 2019-, con muy buenos vínculos con China, Estados Unidos y la Unión Europea y un crecimiento económico sostenido que le permitió duplicar su PBI per cápita (de 369 dólares en 2010 a 623 en 2020).

En la actualidad estos logros están amenazados por un conflicto entre las autoridades de la región septentrional de Tigray y el gobierno federal que degeneró en una de las crisis humanitarias más graves de la actualidad, al provocar más de dos millones de desplazados y 1,7 millones de etíopes dependientes de la asistencia alimentaria de la comunidad internacional.

Etiopía y su importancia simbólica

Etiopía es el segundo país más poblado de África con cerca de 110 millones de habitantes que comprenden una gran diversidad lingüística y religiosa. Ubicado en el centro del llamado ‘Cuerno de África’, su capital Addis Abeba es sede de la mayoría de las organizaciones internacionales del continentales, empezando por la Unión Africana.

El país tiene una gran importancia simbólica, ya que fue el único estado africano que derrotó una invasión extranjera y afirmó su independencia durante el apogeo del imperialismo europeo a fines del siglo XIX, con lo que se convirtió en un símbolo de orgullo y resistencia no sólo para los antiimperialistas africanos (los colores rojo, amarillo y verde de su bandera se encuentran en una decena de banderas africanas actuales) sino también para los afroamericanos (entre otros, el movimiento rastafari).

Décadas convulsionadas

Las últimas décadas de la historia etíope fueron extremadamente convulsionadas: en 1991, tras el triunfo del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE) en la guerra civil contra el régimen de partido único establecido en 1975, el gobierno provisional presidido por Meles Zenawi inició un proceso de apertura económica y acercamiento a las potencias occidentales.

Un aliado importante del FDRPE había sido el Frente de Liberación del Pueblo de Eritrea -organización político-militar que luchaba por la independencia de Eritrea (antigua colonia italiana anexada por Etiopía en 1952)- por lo que en 1993 el gobierno etíope reconoció la independencia de Eritrea y perdió de esta manera su salida al mar.

Pese a que esta secesión se había producido en buenos términos, en 1998 estalló un conflicto entre ambos países a propósito de un conflicto limítrofe. Esta guerra, uno de los pocos enfrentamientos interestatales en la historia contemporánea de África, se extendió por más de 2 años, provocando más de 100.000 muertos y al menos 650.000 desplazados.

Mapa y geografía de Etiopía - Datos prácticos de Etiopía

Sus vínculos con Estados Unidos

Etiopía buscó afirmar su importancia como potencia regional a través del fortalecimiento de los vínculos con Estados Unidos y su posición como referente local en la llamada ‘guerra contra el terrorismo’. En este marco se produjo la intervención en la guerra civil somalí, donde entre 2006 y 2009 fuerzas regulares etíopes participaron en la represión de las milicias islamistas junto a las fuerzas desplegadas por la Unión Africana.

Los éxitos militares y diplomáticos fortalecieron al gobierno, que logró consolidar cierta estabilidad interna luego de décadas de estancamiento. Esto le permitió emprender un ambicioso plan de obras de infraestructura, cuya piedra fundamental es la construcción de la Gran Represa del Renacimiento Etíope sobre el Nilo Azul, iniciada en el año 2013 y culminada en el 2020.

La Gran Presa del Renacimiento Etíope entrará en funcionamiento en 2021

Gran Represa del Renacimiento Etíope sobre el Nilo Azul

Sin embargo, en forma paralela aumentaron las tensiones políticas domésticas, provocadas por un aumento de los desplazamientos internos de población y la respuesta crecientemente represiva del gobierno. Es que, tras la promulgación de una constitución federal en 1995, el estado etíope se reorganizó administrativamente con el establecimiento de 10 regiones etnolingüísticas, cuyos límites eran muy difusos por la existencia de poblaciones mixtas. Esta nueva división política fortaleció a los liderazgos de los grupos mayoritarios en cada región, que habían desempeñado un papel central en la guerra civil de 1991, pero provocó -y sigue provocando- numerosos conflictos intercomunitarios.

La acumulación de tensiones llevó a una oleada de protestas masivas de 2018, que provocó la renuncia del entonces primer ministro Hailemariam Desalegn y su reemplazo por Abiy Ahmed, quien inició un proceso de apertura política con la liberación de miles de presos políticos y normalizó las relaciones con su vecino Eritrea, lo que le valió el Premio Nobel de la Paz en 2019.

El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, recibió el Premio Nobel de Paz

Abiy Ahmed, Premio Nobel de la Paz en 2019.

En un intento por afirmar su autoridad y romper con la lógica de tribalización política, en el año 2019 Abiy promovió la disolución del FDRPE y las organizaciones que lo componían y su integración en un nuevo partido político, el Partido de la Prosperidad. La mayoría se sumó a la iniciativa del poder ejecutivo, pero el Frente Popular de Liberación de Tigray (FPLT) la rechazó y pasó a enfrentar al gobierno federal, al que acusa de vulnerar las autonomías regionales.

Tigray

Tigray es una región montañosa del norte del país con unos 5 millones de habitantes (5% del total de la población etíope), y si bien no tiene una gran importancia económica sí la tuvo desde el punto de vista político ya que numerosos dirigentes del FPLT desempeñaron cargos importantes en el gobierno federal hasta el 2018 (incluyendo a Meles Zenawi, jefe de gobierno de Etiopía desde 1991 hasta su muerte en 2012).

Las tensiones entre el gobierno regional y el federal estallaron en noviembre de 2020, cuando las autoridades tigrinas convocaron a elecciones locales pese a la negativa del gobierno central, que aducía problemas logísticos derivados de la pandemia.

Los conflictos más recientes

El ataque a un destacamento del ejército federal por parte del FPLT dio inicio a una escalada militar que se extendió hasta junio de este año, dejando un tercio de la región bajo el control de las fuerzas federales y el resto -incluyendo la capital Mekelle- en poder del FPLT, que extendió sus acciones militares a regiones vecinas. En la actualidad hay un virtual cese de fuego con acciones armadas aisladas.

En el marco de este conflicto, la población civil fue blanco de ataques por ambas partes, lo que generó el desplazamiento de más de dos millones de personas y la imposibilidad de desplegar la ayuda humanitaria enviada por las Naciones Unidas.

Las dificultades para encontrar una solución política entre estos antiguos aliados amenaza no sólo con hipotecar los logros alcanzados durante más de una década, sino que pone en tela de juicio el propio entramado institucional construido luego de la guerra civil de 1991. Con los conflictos abiertos en los vecinos Somalía y Sudán del Sur, la prolongación de la inestabilidad en Etiopía puede convertirse en una amenaza a la estabilidad regional.

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