Alfredo Olivera, fundador de la primera radio loca: “Con La Colifata burlamos destinos grises”

Por Juan Tenembaum

Durante la mayor parte de su historia, Radio La Colifata fue una radio sin estudio. Nacida en 1991 –está festejando sus 30 años–, funcionaba en base a un grabador primero y un micrófono, compartido por todos los participantes, después. Una gran ronda, con sillas ocupadas por internos y exinternos del Hospital José Tiburcio Borda y uno o dos paquetes de galletitas completan la esencia de esta particular radio. Durante su historia, La Colifata tuvo muchos momentos donde tomó un alto perfil público: grabaron un disco con Manu Chao, filmaron una serie de filosofía para Canal Encuentro, e incluso denunciaron la represión del 2013 en el hospital. En esta entrevista su fundador, Alfredo Olivera nos cuenta las historias mínimas que retratan cómo funciona y cuáles son los objetivos más profundos de la primera radio del mundo en transmitir desde un hospital psiquiátrico.

¿Cómo arrancaste a hacer radio?

–Mi papá era periodista. Cuando éramos chicos, con mi hermana usábamos su grabador para jugar a hacer radio los fines de semana. Ella hacía sus programas, yo los míos, y uno de ellos se llamaba Radio Cochina. Con ese nombre, yo había encontrado la forma de dar curso a las malas palabras que iba aprendiendo. De forma fortuita, esos casetes se conservaron y siguen existiendo.

Cuando éramos chicos, con mi hermana jugamos a entrevistar a mi papá sobre el regreso de Cámpora. Cada tanto ella metía a una muñeca que gritaba ´Viva Cámpora´. Hay una continuidad de ese espíritu en La Colifata”.

En uno de los programas de mi hermana entrevistamos a nuestro padre. Era la época en que Perón volvía a la Argentina después del exilio, y era maravilloso, porque mi papá contestaba con toda seriedad, como si estuviese hablando con cualquier periodista. Mi hermana hacía preguntas muy pertinentes, y cada tanto metía a una muñeca suya a gritar “Viva Cámpora”, y ella la mandaba a su pieza. Ese personaje, llamado Camila, decía cosas inapropiadas en momentos no pautados. Radio Cochina fue mi primera experiencia radial, una experiencia de juego, encuentro y amor con mi hermana y mi papá.

–¿Y hay una continuidad entre Radio Cochina y Radio La Colifata? 

–Sí, claramente. Radio Cochina era validar y nominar, poner un nombre que habilitara lo no necesariamente correcto, la política incorrecta. A punto tal que me doy cuenta que, con la participación de mi hermana María Pía y el personaje de Camila, ya estaba el interrumpidor oficial de Radio La Colifata, el Doctor Valle. Este era un colifato que, con el tiempo, adquirió ese título y la licencia para interrumpir cuando quisiera. De sus interrupciones operó la posibilidad de crearle un lugar en la radio. La creación de ese puesto fue muy particular, porque fue una decisión grupal, no de la coordinación. Fue pensar juntos qué hacemos cuando una persona irrumpe e interrumpe, y se discutieron todas las opciones. Echarlo, no echarlo, y llegamos a la decisión de nombrarlo interrumpidor oficial. Entonces, está clarísimo que La Colifata y Radio Cochina se emparentan.

¿Cuándo arrancaste con La Colifata? 

—Empecé a los 24. Estaba arrancando la carrera de psicología. Antes había intentado con antropología, pero la interrumpí para trabajar como maestro alfabetizador en Villa Maipú, un barrio que está enfrente de lo que eran los cuarteles de Villa Martelli, en el partido de San Martín. Era la época de Alfonsín. En ese plan, la idea era que te formaban pero después tenías que ir vos al barrio a generar las condiciones para dar clase.

Si vamos a hablar de locura, que hablen aquellos a los que se les atribuye”.

Fue un laburo comunitario y solidario. Una mujer nos prestó una tapera, otra gente donó sillas, a veces rotas, y otros vecinos del barrio las arreglaron. Así nació la escuela que armamos ahí, que después también fue un pequeño centro de salud. Me marcó mucho esa experiencia, tuve acceso a lo colectivo, y al trabajo de identificar potencias singulares en lo colectivo. Se producían rutas muy interesantes, como montar una escuela, un centro de salud y ejercer la solidaridad.

–¿Cómo lo viviste?

–Me afectaba mucho corporalmente, era un trabajo de una exigencia enorme. Yo trabajaba de pintor de casas con un amigo y, cuando terminaba, me iba al barrio hasta las 11 de la noche. Cuando empecé a ir al Borda me di cuenta de que eso era mucho más liviano para mí. Era un trabajo que no dependía solo de sostener una ideología desde la convicción, sino que había algo del orden del placer. Me gustaba mucho ir al Borda, no tenía costo en el cuerpo. Eso marcó la diferencia. De un lado la convicción ideológica, el querer cambiar el mundo, pero con cierta violencia sobre mi propio cuerpo. Del otro, en el hospital, encontrarme con los colifatos y las colifatas siempre me gustó.

— ¿Cómo surgió la idea de la radio? 

—Yo participaba de Cooperanza, un grupo creado por Alfredo Moffat. Además, trabajaba realizando encuestas de opinión con mi hermana, recorríamos todo el país. En un viaje me toca de compañero de asiento Adrián Quiroga, que tenía un programa de radio en una FM comunitaria. Me contó la dinámica del programa, que trataba un tema distinto todos los miércoles y recibía llamados de la audiencia para discutirlo. Me invitó a hablar sobre salud mental y se me ocurrió que deberían hablar los expertos. Si vamos a hablar de locura, que hablen aquellos a los que se les atribuye.

Cualquier habitante del Borda puede grabar y participar. Cuando pensé eso, fue un momento Eureka. Ese mismo sábado, 3 de agosto de 1991, llevé un grabador al Borda y arrancó Radio La Colifata”.

Después, me quedé pensando que no era suficiente que cambie el sujeto del discurso, que era necesario darle una continuidad. ¿Por qué este colectivo de personas solo sería llamado para hablar de lo que se dice que ellos padecen? ¿Por qué no incluir al vecino de Barracas, habitante involuntario del Borda, en las discusiones de la radio? Si el tema de conversación es la violencia en el futbol, así como cualquiera puede llamar a la radio y participar, cualquier habitante del Borda puede grabar y participar. Cuando pensé eso entré en un estado de júbilo, fue un momento Eureka. Ese mismo sábado, el 3 de agosto de 1991, llevé un grabador al Borda y arrancó Radio La Colifata. Esa vuelta el tema fue “La mujer”.

–¿Y cómo funcionó?

–Fue darle un salto cualitativo a la problemática. No era solo hablar de inclusión, sino generar un espacio efectivo que la produjera. Además, las voces que se “exfiltraban” del Borda generaban mucho interés, la gente le respondía a los colifatos. La regla era grabar todo lo que surgiera de ahí. Era muy lindo volver el sábado siguiente al hospital con la sensación de que el mar devolvía la botella, y que venía llena de mensajes. Eso producía un efecto muy potente, empezó a haber gente en situación de internación que esperaba a ver qué devolvía la marea. Esa lógica fue fundante para La Colifata y sigue vigente.

Lalo Mir, un histórico acompañante de La Colifata, en el Borda.

¿La Colifata la pegó antes adentro o afuera del hospital? 

Afuera, rápidamente. Y eso, en términos de construcción política, fue clave. Porque para poder ser adentro, hubo que nacer afuera. Esto no todo el mundo lo supo, no todos conceptualizaron a La Colifata desde allí. Más bien, la consideraban la radio de los internos del Borda. Pero, en realidad, para poder ser desde adentro hubo que nacer afuera. Nace primero en la SOS de San Andrés, a los 20 días en FM La Boca, y al mes y medio en la Rock and Pop, con Lalo Mir. Y, a fin de año, en la bienal de arte joven en el viejo Puerto Madero.

Un día apareció un oyente con un radiotransmisor de 1 watt, fabricado en su casa. Tenía tres botones y tres entradas: tocadiscos, casetera y micrófono. Y una antena paraguas”.

Este feedback entre la palabra de personas en situación de internación y la comunidad que respondía colaboró para la construcción de un equívoco comunicacional. La gente de afuera se hacía la idea de que en el Borda había una radio. Y, en términos técnicos, no lo era, aunque en términos conceptuales sí. Pero era un grabadorcito de periodista que llevaba y traía casetes. Empieza a existir en el oyente la idea de algo que en términos concretos no era. Pero ese imaginario anticipó y creó las condiciones para que efectivamente pasásemos a ser una radio, técnicamente hablando. Apareció un oyente con un radiotransmisor de 1 watt. Lo había fabricado él en su casa, tenía tres botones y tres entradas. Una para un tocadiscos, otra para una casetera, y otra para un micrófono. Y una antena paraguas.

Notamos que había gente que se empezaba a sentir mejor, se empezaba a interesar por las cosas que pasaban por fuera de los muros del hospital”.

Desde el nacimiento del espacio el hospital ya estaba agujereado, tenía porosidad. Entonces La Colifata, en tanto dispositivo abierto, generaba efectos en la comunidad, que terminaron reproduciendo la lógica del dispositivo. Y empezamos a ver que había gente que se empezaba a sentir mejor, que se empezaba a interesar por las cosas que pasaban por fuera de los muros del hospital, que llegaba temprano, que colaboraba, traía las mesas, las sillas. Inclusive había quienes se producían, se vestían bien para hacer la radio, que era al fin y al cabo un grabador en el patio del Borda. Primero un grabador, después una doble casetera. Logramos generar cosas estéticamente maravillosas, visualmente atractivas, que daban cuenta de un tejido que se iba creando entre las personas, creando valor donde antes no lo había.

Cinco hitos de los 30 años de Radio La Colifata, en palabras de su fundador

1. La transmisión desde la Antártida

En el 98′ llegamos a la Antártida. Norberto Pugliese, un oyente, quería colaborar con nosotros. Nuestra respuesta siempre fue la misma: ¿Cómo? ¿Desde dónde cree usted que puede ayudarnos? Él nos contó que era diexista, que escucha radio de onda corta, y que le gustaría que La Colifata saliera por onda corta y la escuchen en todo el mundo. Onda corta era la internet de aquella época, emblemática en la guerra fría. Este oyente logró que la radio Miami Internacional ceda media hora de su programación de onda corta a Radio La Colifata. La consigna que le propusimos a los colifatos era “¿Qué le dirías al mundo?”. Fue media hora de la radio hablándole al mundo, diciendo “yo quiero decirle al mundo tal cosa, tal otra”.

La idea es generar posibilidades para la circulación de la palabra y convertir en lazos algunas construcciones encriptadas en la enfermedad.”

“Pugliese la re pegó, porque empezaron a hacerle notas a él. Empezó a ser una persona destacada entre los diexistas, en su propio ámbito. Esa es una de las coordenadas de la radio. No se trata solo de conectar con terceros para que ayuden a quien no puede o no tiene. En cambio, es tener apertura para que esos terceros, en sus búsquedas íntimas, singulares, en la conexión con La Colifata algo del camino de su propia realización se concrete. Entonces, a Pugliese le empiezan a hacer notas, se entusiasma, y dice vamos por la Antártida. Entonces pudimos transmitir por LTA Radio Arcángel San Gabriel, la radio de la base antártica argentina. La consigna para esa transmisión fue pensar qué tienen en común un tipo que vive en el Borda, a 15 minutos del Obelisco, con una persona en la base antártica”.

2. Un viaje colifato a España

Otro hito fue un viaje a España que hicimos con Daniel López, un colifato de los llamados “niños del 36′”, de la guerra civil española. Sus padres se tuvieron que exiliar cuando tenía un año y medio, creció en Buenos Aires. Tuvo muchos episodios de ingreso en el Borda y se acercó a La Colifata. En el 2001 nos invitan a un congreso en Leipzig, Alemania. En ese momento, nosotros ya habíamos adoptado la política de que los viajes se hacían con los colifatos. Entonces, empezamos a trabajar con él la reconstrucción de su historia, y la búsqueda de familiares.

Finalmente encontró que en Catoira, el pueblo de Galicia donde había nacido, todavía podían quedar algunos familiares. Fuimos al congreso en Alemania, nos tomamos un avión al sur de Portugal, y de ahí un tren a Galicia. El viaje en tren duró 3 días, en los cuales nos preparamos para todas las posibilidades. Que no estuvieran los familiares, que lo recibieran mal, o que lo recibieran bien. Finalmente, los encontramos y le dieron una bienvenida muy amorosa. Tuvimos que pasar 10 días con ellos para que Daniel pudiera contarles su historia, y resulta que muchos de sus parientes también tenían historia psiquiátrica. Verlo a Daniel en su entorno, reconociendo su casa y su pueblo, verlo alivianarse fue una experiencia enorme.

Encima encontramos, en la capilla del pueblo, unos discursos del papá de Daniel sobre el pueblo, que se los pudo traer a la Argentina. Estos fueron muy importantes en la reconstitución de la relación de Daniel con su hija, que estaba muy dañada. Luego, logró construir una relación entrañable con sus nietos. Cuando falleció, la hija vino al Borda a contarlo. A ella le parecía que tenía que anunciarlo en La Colifata, por lo feliz que había sido Daniel acá.

En historias mínimas, subidas a plataformas de la comunicación, se puede ver  cómo ayudamos a burlar destinos condenados a lo gris”.

–¿Cuántos viajes hicieron?

Llevamos a 22 personas al exterior y más de 40 viajaron por el país. Esto no es un cambio sanitario, no tiene un impacto fuerte en políticas públicas, eso va por otro lado. Pero en historias mínimas, subidas a plataformas de la comunicación, se puede ver una torcedura de lo predestinado, cómo ayudamos a burlar destinos condenados a lo gris.

3. Radioteatro “En busca de un amor”

Un momento hermoso fue el radioteatro de Ever Beltrán, “En busca de un amor”. En este, Ever compartió algo que puede ser leído como delirio, que es la comunicación telepática con su novia Julieta. En aquel momento, la radio FM La Boca nos prestaba sus estudios para grabar, y ahí tuvimos la posibilidad de realizarlo. Cuando era el momento de grabar el primer capítulo, Ever nos contó  que estaba triste porque Julieta lo había abandonado. Nos dijo que, a través de sus sueños, Julieta se le presentó y le dijo que lo abandonaba. Esa situación se transformó en el guión del capítulo 1 de “En busca de un amor”.

Ever Beltrán, creador del radioteatro “En busca de un amor”.

“En el capítulo 2 Ariel Gasaneo, otro colifa, le propuso acompañarlo a Bolivia. Emprendieron un viaje fantástico, en tren, a Bolivia. Un tren particular, porque pasó por Bahía Blanca, donde vivía el hermano de Ariel, para llegar a Punata. En el anteúltimo capítulo llegan al pueblo natal de Ever, y ahí él se encuentra con Julieta. En ese momento, Ever se emociona y habla de un vínculo que, muy probablemente, existió, lo perdió, y lo lloró ahí. Eso me marcó profundamente, porque es una de las matrices del trabajo de La Colifata. La idea es generar posibilidades para la circulación de la palabra que permitan convertir en lazo construcciones encriptadas en la enfermedad. Y todo eso es una construcción colectiva, porque Ever prestó esa escena pero todo el grupo le agregó pinceladas propias. El fenómeno grupal aloja singularidades que en su colección producen, en este caso, arte.

4. El primer encuentro mundial de radios locas

En el 2007 organizamos el primer Encuentro Mundial de Radios de Usuarios de Servicios de Salud Mental en Buenos Aires. Vinieron dos experiencias de España, una de Italia, varias de Uruguay y de Chile. Ese fue un hito hermosísimo. Tuvo tres sedes: el Borda, la Legislatura porteña y FM La Tribu. En La Tribu organizamos un festival de cine maravilloso que se llamó “Locura: otra mirada”. Hubo una convocatoria a la ciudadania para presentar todo tipo de cortos. Hubo un récord de producciones artísticas, y se seleccionaron 12 finalistas. Se armó un jurado internacional de colifatos para elegir al ganador. Eso sí, por consenso. Se tenían que poner todos de acuerdo, no podían votar. Terminó ganando uno que era la historia de una madre y un hijo que vivían adentro de un auto.

Gracias a una publicidad que filmamos para una bebida Aquarius, La Colifata se volvió muy popular en España. Surgió un equipo de fútbol, un club de motoqueros y una comparsa de Cádiz con nuestro nombre”.

Con el tiempo, esa experiencia se repitió en Chile, donde hubo un encuentro latinoamericano de este tipo de radios. Luego, este tipo de encuentros se empezaron a organizar en Rusia cada dos años, en Moscú. Tuve el honor de organizarlos junto a Arcadi Shmilovich, un psiquiatra maravilloso que falleció hace poco. Allí logramos juntar cada dos años a entre 13 y 15 radios del mundo, la mayoría surgidas del fenómeno La Colifata.

5. La Ley de Salud Mental, una “trajedia” en el Borda y el encuentro con CFK

“Tiempo antes de que saliera la Ley de Salud Mental, La Colifata había sido nombrada “Marca País”. Era un sello que se les daba a algunas marcas que circulaban por el exterior, eran sustentables y portaban valores relacionados a la identidad nacional. Entonces, con ese sello encima, La Colifata viajaba por el mundo, y a algunos eventos llevábamos una bandera que daba cuenta de la necesidad de una Ley de Salud Mental. En el año 2009 filmamos una publicidad para la bebida Aquarius que hizo a La Colifata muy popular en España. Empezaron a aparecer un equipo de fútbol que se llamaba La Colifata, un club de motoqueros, una comparsa de Cádiz con nuestro nombre. Viajamos a España a conocer esas experiencias y llevamos la bandera de la Ley. Lo mismo cuando hicimos nuestra experiencia con El Canto Del Loco, una banda española.

Luego, cuando la presidenta Cristina Kirchner promulga la ley, nos invitaron a la Casa Rosada a participar del evento. Se nos presentó un dilema: invitaron a los colifatos a la Rosada, pero no tenían ropa para esa ocasión. Entonces, a través de nuestras redes sociales, convocamos a los oyentes a que donen trajes. Rápidamente, la sede de La Colifata se transformó en una boutique de trajes. Los colifas fueron finalmente muy bien vestidos, y publicamos “Trajedia en el Borda” en nuestras redes. La Colifata trata de intervenir en escenarios de lo público en la linea de la restitución y la promoción de derechos de las personas, buscando modos creativos de comunicar.

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1 comentario

  1. Grandísima nota. De una descripción amplia, generosa, impactante sobre ese maravilloso logro que ha sido llevar adelante “La Colifata”

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