El sentido de la vida, según Jaime Bayly

El conductor aprovechó el feriado de Semana Santa para contar su turbada infancia en una familia acomodada de Perú, recordar cómo una Playboy conmovió su religión y evocar la decadente redacción de diario donde descubrió su profesión.

“Hoy me tocaba descansar pero he elegido trabajar –arrancó Jaime Bayly Show, el programa emitido anoche por Net TV–. Mi editor eligió no trabajar, así que no comentaré las noticias. No voy a hablar de políticos y poderosos. Voy a hablar de mí, cómo fue mi vida y tratar de, evocándola, encontrar un sentido a mi vida –o un sentido a la vida“. 

Bayly, que nació en 1965 y vive en Miami, desde donde se transmite su programa a América Latina, hizo gala de su talento para narrar y recordó que le temía a su padre y se refugiaba en su madre, miembro del Opus Dei que iba a misa todos los días. Eran diez hermanos: la mayor se hizo monja de clausura, la segunda, inversionista en las bolsas del mundo.

En un tono de confesión, por momentos pidiendo perdón a su madre, por otros a Dios, aunque siempre dejando el margen para dudar hasta dónde habla en serio, el periodista y escritor contó que a los 13 años le llegó una revista Playboy, lo que desencadenó un terrible castigo y provocó que se escapara de la casa durante un mes a dar rienda suelta al “onanismo”, según contó.

A los 13 años le llegó una revista Playboy, lo que desencadenó un terrible castigo y provocó que se escapara de la casa durante un mes.

Entonces pensó: “¿Qué pasa si la religión es una gran ficción? ¿Qué si Dios no existe, no me está mirando cuando peco con las mujeres de la revista? ¿Qué si estamos solos, como los perros y los gatos? Tenemos nuestros músculos, huesos, nervios, neuronas y hormonas. Somos esto, solo la piel que habitamos, la vida que vivimos y nada más”.

Así “se instaló en mí esa duda: que todas las certezas incólumnes de mi madre podían ser poderosas ficciones y que las rudezas viriles de mi padre podían ser una forma de ser macho, pero no la única de ser hombre”.

Más tarde, el periodista –conocido por relatar en múltiples formatos su bisexualidad y el consumo de drogas– evocó su experiencia en un diario conservador lleno de “gente estrafalaria, demente”, cómo se convirtió en columnista de política “sin saber nada” y a los 18 años le llegó la fama con la televisión.

Entre otras anécdotas imperdibles estuvo la del frustrado debut sexual en un prostíbulo, llevado por los compañeros del diario. El conductor terminó el envío prometiendo una segunda parte de la historia de su vida.

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